El cierre de la tienda de “Blanco” hoy en el centro comercial de Xanadú en Madrid supone el adiós una popular firma de ropa. Todo comenzó en 1960 cuando el empresario cántabro Bernardo Blanco Solana abrió su primera tienda en Bilbao. La empresa inició una trayectoria ascendente y poco tiempo después se abrió una segunda tienda. Ahora le decimos adiós.

Blanco tomó su nombre sencillo valiéndose de ejemplos exitosos en el sector textil como son Mango o Zara. Sin embargo, para dotar a la empresa de un nombre más internacional se la denominó “Suiteblanco”. Ya en la década de los 80 la empresa triunfó con sus estampados de leopardo, sin embargo, en los últimos años, este camino exitoso se ha visto truncado.

Pese a que en el año 2000 Blanco solo contaba con 50 tiendas en España, estaba consolidada como una marca de referencia. La empresa se las arregló para salir airosa de la crisis que se inició en 2008 y se expandió a nuevos mercados. Blanco incrementó su red de tiendas y llegó a contar con hasta 3.000 empleados en plantilla. Tal era su posicionamiento en el sector textil que llegó a estar entre las diez marcas más importantes de ropa en España.

Blanco solicitó un concurso de acreedores en 2013 y en 2014, el grupo saudí Alhokair adquirió la empresa para tratar de reflotarla. El grupo Alhokair no logró hacer resurgir la empresa, es más, actualmente se enfrenta a querellas por alzamiento de bienes, insolvencia punible y estafa. Blanco finalmente cambió de manos y fue adquirida por la compañía AC Modus.

De este modo, AC Modus trató de mantener una importante inversión en países como España y Portugal, sin embargo continuaron sin obtener beneficios. Las navidades pasadas, Blanco cerró su página web y se declaró insolvente por segunda vez en tres años, no logró superar su segundo concurso de acreedores y la empresa se ha visto abocada a su disolución. Los representantes sindicales llegaron a declarar que “Blanco estaba muerto”.

El hundimiento de Blanco ha conllevado otro problema, el despido los trabajadores que integraban su plantilla. Esto supone el cierre de un total de 102 establecimientos en los que trabajaban 850 empleados. Para ello, Blanco ha realizado una serie de Expedientes de Regulación de Empleo de forma progresiva al tiempo que se procedía al cierre de la red de tiendas.

Tras despedir al grueso de su plantilla, quedan unos pocos trabajadores para encargarse de la liquidación y  de las multitudinarias demandas presentadas por los trabajadores. Al parecer, muchos trabajadores aún no han recibido su finiquito.

Sin duda alguna, el cierre de una empresa del tamaño y de la trayectoria de Blanco es una noticia muy triste para el mundo empresarial y para la sociedadº.