Desde el año 2010, China ha mantenido cantidades superiores a un billón de dólares en deuda norteamericana, sin embargo, en los últimos meses, tanto Japón como China se han desprendido de los bonos del Tesoro de Estados Unidos. Muchos se preguntan qué hay detrás de estos movimientos.

China ya no se encuentra a la cabeza de la lista de acreedores extranjeros de Estados Unidos. Japón, con un total de 1,13 billones de dólares en deuda estadounidense ha pasado a encabezar ese ranking, mientras que China, con alrededor de 1,12 billones de dólares, pasa a ocupar la segunda posición.

China ha reducido su dependencia del bono norteamericano en un total de 41.300 millones de dólares, mientras que Japón lo ha hecho por una cantidad mucho menor: 4.500 millones de dólares. Sin embargo, el origen de la fuerte inversión de China en los bonos estadounidenses se debía a que buscaban frenar el fortalecimiento del yuan.  De este modo, China logró mejorar sus exportaciones considerablemente. En otras palabras, poseer deuda americana hacía que las exportaciones chinas fueran más baratas que las de sus competidores norteamericanos.

No obstante, la desaceleración del crecimiento económico en China y las importantes salidas de dinero del país han dado lugar a la venta de deuda estadounidense. Por otra parte, la llegada de Donald Trump a la presidencia de los Estados Unidos y su agresiva política comercial hacia China han provocado que los chinos comiencen a desprenderse de los bonos norteamericanos. Recordemos que el presidente Trump amenazaba con imponer un arancel de hasta el 45% a los productos chinos. Si los dos gigantes de la economía mundial decidiesen entrar en una guerra comercial, China podría comenzar a vender deuda estadounidense en grandes cantidades y de manera acelerada para hacer caer al dólar.

Las consecuencias de un enfrentamiento económico entre Estados Unidos y China serían terribles, hasta el punto de que podrían provocar un colapso del dólar y ocasionar estragos en los mercados internacionales peores que los sufridos en el año 2008.

Hay analistas que opinan que China no busca provocar una caída brutal de dólar, ni tampoco buscaría reclamar toda la deuda al mismo tiempo. La estrategia consistiría en vender lentamente la deuda norteamericana, aunque esto provocaría que el dólar disminuyese de valor y por tanto las exportaciones chinas se viesen perjudicadas. Esta venta de deuda americana solo podría hacerse si China consigue expandir sus exportaciones a otros países asiáticos al tiempo que logra mejorar su demanda interna.

Otra de las razones que explican la venta de deuda estadounidense son las fuertes caídas que sufrió el yuan chino en 2015 y 2016. Vendiendo los bonos norteamericanos, Pekín pretende comprar yuanes para lograr una moneda más fuerte.

China y Estados Unidos, las dos mayores economías del mundo, se encuentran en una encrucijada vital para el mundo. De las decisiones que Trump decida tomar con respecto a su política comercial con China y de las medidas que tome Pekín sobre la deuda estadounidense, depende el futuro de la economía mundial.