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El dinero en efectivo en el país asiático está siendo reemplazado de modo fulminante por las plataformas de pago online: Alipay, perteneciente al gigante del comercio electrónico Alibaba, y WeChat Pay, integrada en la aplicación de mensajería instantánea y red social de Tencent.

La rápida adaptación del tejido empresarial y de todo tipo de servicios a estas infraestructuras tecnológicas ha originado que en China resulte innecesario el empleo del dinero en efectivo en la mayoría de las situaciones cotidianas a las que se enfrenta cualquier ciudadano a diario, es decir, desde comprar en grandes almacenes de urbes emblemáticas hasta hacerse con piezas de verdadera artesanía en las localidades rurales del país.

Concretamente, la solución WeChat Pay es la más empleada por los ciudadanos chinos ya que, a través de ella, se puede realizar tanto un regalo como un pago sin coste adicional alguno. Sin embargo, los comercios utilizan con este medio un sistema diferente: el cliente genera un código QR a través de la aplicación y el cajero la escanea para aceptar la transacción.

Giro radical en el sistema económico

Esta revolución financiera está permitiendo estrechar distancias entre el ámbito urbano y rural que siempre han caracterizado al gigante asiático. Así, hasta no hace mucho tiempo, cualquier tipo de establecimiento tenía que enfrentarse a unas medidas que a muchos no convencían, tales como pagar el aparato que permitía cobrar con tarjeta, tener una conexión telefónica y establecer nuevas relaciones con el banco. Una serie de razones por las que un gran número de vendedores y comerciantes sólo aceptaban papel moneda.

Sin embargo, la expansión del pago interactivo ha resuelto muchas de estas complicaciones, simplemente con el empleo del móvil. Y es que, además, la plataforma Alibaba ofrece un amplio espectro tecnológico, desde abonos e ingresos online a través de sus diferentes alternativas, hasta fondos de inversión como Yu’ebao, un servicio que ofrece un interés mucho mayor que el de los bancos tradicionales.

Con todo, el núcleo duro del nuevo ecosistema económico se basa en el smartphone, dispositivo al que llegan más de 650 millones de internautas chinos y donde más de 300 millones utilizan algún tipo de pago vía Internet; de hecho, se estima que para 2016 las transacciones realizadas alcancen un valor de 1,32 billones de euros -la mitad con Alipay-, un volumen que continuará expandiéndose a medida que pase el tiempo. Es más, diferentes estudios predicen que el número de quienes utilizan el móvil para hacer pagos aumentará en 2017 hasta los 745 millones, lo que se traduce en más del 50% de la población del país.

Una estrategia sin fronteras

Pero la trayectoria de las infraestructuras chinas también abre nuevas perspectivas. Más allá de las fronteras asiáticas, WeChat Pay ha anunciado recientemente su incorporación a una veintena de países, entre ellos algunos de la Unión Europea. Así, la plataforma permitirá realizar transacciones en euros, dólares estadounidenses, australianos y neozelandeses, libras esterlinas, yenes japoneses y wones surcoreanos. Por su parte, Alipay pretende alcanzar el millón de establecimientos extranjeros que acepten pagos a través de su servicio.

El objetivo de todo ello es facilitar las operaciones de los turistas chinos, un segmento de población que podría desembolsar en 2015 más de 454.000 millones de euros en sus viajes al extranjero. Un mundo, al parecer, ya sin papel moneda.