Grafenos

En 1930 se descubrió este nuevo material que hasta 1994 no adoptó el nombre por el que hoy se conoce, el grafeno. Un componente con numerosas esperanzas puestas en él, debido sus propiedades relacionadas con la conductividad térmica y eléctrica además de la resistencia y elasticidad que posee.

Entre una de sus aplicaciones que afectaría en gran medida al usuario medio, seria poder utilizar los dispositivos móviles durante mayor tiempo, con un menor calentamiento del teléfono, o redes WiFi con un grado de velocidad mucho más elevado. Es además, entre 100 y 200 veces más fuerte que el acero. Es un material impermeable, que se puede autoreparar y retomar su forma, tiene mucha elasticidad y hasta ahora es el mayor conductor de energía y es transparente.

El grafeno es la respuesta al nuevo ciclo, o al menos una de ellas. Un material que no será lanzado hasta el año 2024, sustituyendo o acompañando al silicio. Según declaraciones de James D.Meindl, responsable del centro de investigación de nanoelectronica del Georgia Institute of Technology, afirmaba que el componente no comenzaría a comercializarse hasta que no pudiesen avanzar más en los procesos de fabricación, y que a la vez consiguiesen reducir el tamaño de sus diseños.

Las posibilidades que podríamos obtener utilizando el grafeno son varias y en muchos campos. Los campos que más revolucionaría son el sector energético y la aeronáutica, se podrían construir baterías capaces de durar mucho más tiempo, con un consumo menor y una carga más corta. En este aspecto, las energías renovables pasarían a un plano mucho más relevante. Las placas solares, por ejemplo, serían mucho más eficientes con un consumo energético más ecológico. Existen un gran número de oportunidades donde explotar este material, pero entonces, ¿Cuál es la razón por la que no se está comercializando ya?, la respuesta es muy sencilla. Su alto coste de producción, 1 gramo de grafeno supone 100 dólares. Una cifra bastante elevada que ha supuesto no resultar rentable para la industria por el momento.

Como hemos podido comprobar a lo largo de estos años, la tecnología avanza a grandes pasos, y por esta misma razón, estas revoluciones tecnológicas funcionan de manera cíclica. En otras palabras, la tecnología progresa en función del conocimiento recién descubierto, pero ¿qué pasa con los materiales?. De la misma manera que los dispositivos en general pueden quedarse desfasados, los materiales con los que se construyen lo mismo, cerrando así el ciclo de vida útil entre productos y materiales, dando lugar a novedosos dispositivos y comenzando un nuevo ciclo. Las necesidades cambian y con ello las exigencias de los consumidores.