Los últimos datos de crecimiento económico son positivos para Italia. El país transalpino ha encadenado hasta 14 trimestres consecutivos con su economía creciendo. Pese a que en 2017 creció al 1,5%, Italia se encuentra en una situación económica vulnerable y tiene numerosos desafíos por delante: un elevado nivel de deuda pública, una reestructuración de su sistema financiero y mejoras pendientes en cuanto a productividad.

Como mencionábamos anteriormente, la economía italiana ha mantenido una prolongada racha de crecimiento económico. Su Producto Interior Bruto de 1,7 billones de euros le convierten en un país con un importantísimo peso, llegando a ser la tercera mayor economía de la Zona Euro. La tasa de paro, que se sitúa en su menor nivel en los últimos 5 años también arroja buenos resultados sobre la economía italiana. Pero a pesar de estas cifras positivas, Italia tiene mucho trabajo por hacer. Prueba de ello es que si comparamos el crecimiento de Italia (1,5%), vemos que es muy inferior a la media europea, que se encuentra en el 2,5%.

A pie de calle, la ciudadanía está insatisfecha. La precariedad laboral trae de cabeza a los trabajadores italianos, la pobreza aumenta y aún no se han recuperado los niveles de riqueza del año 2008. Para colmo de males, existen fuertes diferencias entre un norte industrializado y próspero y un sur no tan boyante.

Baja productividad

Analizando el PIB per cápita, se puede afirmar que Italia se ha quedado estancada. En 1998 su PIB per cápita era de 26.000 euros y actualmente alcanza los 26.300 en comparación con los 30.300 de la Zona Euro. Esto quiere decir que desde 1998 la producción per cápita en Italia solo ha aumentado en un 1,15%. Entre las causas que explican este estancamiento se encuentran los numerosos cambios de gobierno (66 gobiernos distintos desde el final de la Segunda Guerra Mundial), los estragos provocados por la dolorosa recesión económica (2007-2012) y la entrada en el euro. Y es que desde que Italia pasó a formar parte de la Zona Euro, la evolución de su economía ha sido la peor de los países con grandes ingresos.

La productividad italiana está disminuyendo desde el año 2000. Desafortunadamente, esta preocupante disminución engloba a todos los sectores económicos. Por el contrario, otras economías europeas como España, Francia y Alemania han logrado mejoras en su productividad real por hora de trabajo. Por ello, preocupa que una economía del tamaño y de la importancia de Italia se quede atrás, aumentando cada vez más la brecha con respecto a otras naciones industrializadas.

Uno de los grandes problemas en la productividad y el crecimiento económico de Italia es su sistema judicial. En Italia, los procedimientos de concurso de acreedores tiene una duración mucho mayor que en el resto de la Unión Europea. En este sentido, podemos hablar de procesos que pueden llegar a prolongarse durante 2 años. Esto supone que mano de obra y capital no puedan desplazarse hacia empresas de mayor viabilidad y productividad. Cabe recordar que los procedimientos de quiebra en Italia conllevan elevadísimos costes, los mayores de la Eurozona.

La inversión en I+D y el gasto en educación contribuyen a mejorar la productividad de una economía. Sin embargo, Italia presenta graves deficiencias en esta parcela. Su gasto en I+D alcanza el 1,29% sobre el PIB, convirtiéndolo en uno de los menores de la Zona Euro. En cuanto al gasto en educación, Italia, con el 4% sobre el PIB solo supera a Rumanía y Grecia.

Excesivo endeudamiento y mejoras pendientes en el sistema financiero

Preocupan especialmente los niveles de deuda pública mostrados por Italia. En 2007 su deuda pública se ubicaba en el 99,8% del PIB, pero llegó al 132% del PIB en 2016. Solo la castigada Grecia con un 180% de deuda pública sobre el PIB y Japón con un 230% de deuda pública respecto al PIB superan a Italia.

Pero el nivel de endeudamiento no es algo que afecte únicamente al sector público. El endeudamiento y los problemas de solvencia también afectan a las entidades financieras italianas. España ya acometió una profunda reforma del sector financiero para dotar a sus bancos de la solvencia necesaria, por el contrario, Italia no ha llevado a cabo una reforma tan profunda.

La desconfianza y la duda planean sobre la banca italiana. Ya el año pasado, el estado italiano tuvo que inyectar 3.500 millones de euros al banco más antiguo del mundo, el banco Monte dei Paschi. Tampoco hay que olvidar que 17.000 millones de euros fueron destinados a Vento Banca y Banca Popolare de Vicenza.

Hay que señalar que el endeudamiento de Italia y el grado de solvencia de sus bancos guardan una estrecha relación. En este sentido, los bancos transalpinos están en posesión de nada más y nada menos que del 10% de toda la deuda viva de Italia.