En España, el Fondo de Reserva de la Seguridad Social, también conocido como hucha de las pensiones, se ha agotado. Con una población muy envejecida, los economistas barajan diversas alternativas para garantizar la viabilidad del sistema público de pensiones. Entre esas medidas figura la denominada tasa Tobin.

La tasa Tobin fue una propuesta ideada por el economista estadounidense James Tobin, quien por cierto también fue galardonado con el Premio Nobel de Economía. Este reputado economista fue profesor en universidades como Yale y Harvard y también desarrolló su trayectoria profesional en la Reserva Federal de los Estados Unidos. En 1978, Tobin, un hombre de claras tendencias keynesianas, propuso un impuesto que recayese sobre los beneficios obtenidos en los mercados de divisas. El tipo de gravamen, que se situaba entre el 0,01% y el 0,025% del capital invertido, no pretendía frenar el dinamismo de los mercados, sino disuadir a los especuladores financieros y conseguir estabilidad en los mercados.

¿A favor o en contra de la tasa Tobin?

El propio James Tobin argumentaba que esta tasa también podía ser una importante fuente de financiación del gasto público. Entre otras cosas, los fondos recaudados pueden destinarse a la lucha contra la pobreza, la financiación de la lucha contra el cambio climático o bien como fuente de ingresos que permita sostener el sistema público de pensiones. La propuesta de Tobin ha gozado de una amplia aceptación entre los movimientos antiglobalización, que abogan por poner freno a la especulación en los mercados financieros. Hay quienes incluso han rebautizado a la tasa Tobin como tasa Robin Hood.

Ahora bien, desde que la idea surgió en la mente de James Tobin, éste era consciente de que en el mundo financiero muchos se opondrían a pagar un impuesto sobre las grandes transacciones financieras. Es más, los grandes defensores del liberalismo económico consideraban que el establecimiento de un impuesto podía perturbar gravemente el funcionamiento del sistema de libre mercado. Precisamente se teme que el daño causado a los mercados de capitales sea superior a la recaudación fiscal.

No obstante, con el paso de los años, la idea de la tasa Tobin ha ido sufriendo modificaciones. Ya en los años 90, quienes se oponían al proceso de mundialización de la economía apostaron por una tasa que en lugar de gravar las operaciones en los mercados de divisas, recayese sobre las grandes transacciones financieras. Así pues, los defensores de la tasa Tobin sostienen que la libertad absoluta en los mercados de capitales puede terminar erosionando los cimientos democráticos, quedando la sociedad subordinada a los movimientos de capital.

No obstante,  cabe recordar que Tobin diseñó esta propuesta para los mercados de divisas y se mostró crítico con quienes empleaban su nombre para  establecer un gravamen a los movimientos de capital. Es más, los movimientos antiglobalización han mostrado una feroz oposición a organismos como el Fondo Monetario Internacional o el Banco Mundial, mientras que James Tobin se ha mostrado favorable a ambas instituciones.

Si buscamos una posición intermedia encontraremos al economista Paul Bernd Spahn. Su propuesta, al igual que la de Tobin, se centra en los mercados de divisas. En este sentido, Spahn es partidario de una módica tasa del 0,01% para las operaciones de cambio de divisas, mientras que esta tasa se elevará al 50% ante aquellas maniobras que pretendan atacar a una moneda.

¿Es factible?

En la actualidad, se está trabajando desde la Unión Europea para el establecimiento de una tasa Tobin, sin embargo, este proyecto se ha ido postergando y permanece temporalmente aparcado. Pese a la falta de coordinación al respecto en los ámbitos europeos e internacionales, hay países como Reino Unido y Francia que ya han legislado para implementar una tasa Tobin.

En cualquier caso, implementar la tasa Tobin a nivel internacional no va a ser una tarea fácil. Muchas grandes empresas terminarán por encontrar los vacíos legales o las fórmulas fiscales oportunas para evitar el pago de este nuevo impuesto. Por ello, se teme que las grandes corporaciones recurriesen a los paraísos fiscales.

Como hemos visto, existen muchas discrepancias en torno a la tasa Tobin. Una de ellas es quién se quedaría con la recaudación. James Tobin propuso que los ingresos obtenidos con este gravamen fuesen administrados por el Fondo Monetario Internacional.

Otro aspecto que debe quedar claro es la necesidad de establecer con nitidez la diferencia entre especulador e inversor. El impuesto no debe recaer con el mismo peso sobre un inversor que sobre un especulador.