FMI-Crisrina Lagarde

Christine Lagarde, directora del Fondo Monetario Internacional (FMI), va a ejercer su segundo mandato, hasta el año 2021, en la institución encargada de facilitar la estabilidad financiera internacional, sin haberse enfrentado a ningún rival en el proceso de selección.

El motivo de esta decisión es que la mandataria, que accedió al cargo en 2011, ha contado con el respaldo de la mayoría de los miembros del Fondo, el organismo que nació de la Conferencia de Bretton Woods, celebrada en 1944, para rediseñar el orden económico mundial tras la Segunda Guerra Mundial.

Hace cinco años, la actual directora gerente del Fondo peleó por el cargo con el gobernador del Banco de México, Agustín Carstens, quien desafió la regla no escrita de que el director del FMI sea un europeo. No obstante, en la actualidad Lagarde tiene el apoyo mayoritario de los 188 países que forman el FMI, incluido el de estados que no la apoyaron en su día, como Rusia.

Se trata de la primera vez que el jefe de la principal institución económica mundial renueva su mandato en más de una década, después de que sus predecesores Rodrigo Rato (2004-2007) y Dominique Strauss-Kahn (2007-2011) dejasen el cargo antes de cumplir los cinco años preceptivos.

Los países emergentes no han mostrado oposición

En esta ocasión, el proceso ha sido mucho más ágil debido a la falta de confrontación por parte de los mercados emergentes, que en 2011 aprovecharon su solidez económica para exigir una reforma en el seno de la institución e incrementar el peso de los países en desarrollo.

De hecho, el Fondo comenzó el pasado mes de enero la iniciativa para nombrar al responsable del nuevo mandato y Lagarde no tardó en recibir apoyos. “Tengo el honor de que varios países me han mostrado su respaldo. Lo ha hecho Francia, también Reino Unido, Alemania, China, Corea del Sur, México… Y muy rápidamente”, declaró.

En gran medida, la falta de oposición ha sido el resultado de las dificultades que enfrentan algunos de los países emergentes, como es el caso de Rusia y Brasil, en sendas recesiones; y la debilidad de otros, como Sudáfrica y Turquía. Por su parte, China, la gran locomotora mundial pero que está inmersa en un cambio de modelo económico, ha logrado recientemente uno de sus grandes objetivos en el organismo: la inclusión del yuan en la cesta de divisas del Fondo, lo que supuso un decisivo respaldo a Pekín.

Expectativas económicas inciertas

A lo largo de sus cinco años de mandato, a la jurista gala le ha tocado lidiar con la crisis de la deuda europea y con los rescates de Grecia y Ucrania. Es más, según manifiestan los expertos, “frente al despliegue de austeridad y los recortes que emanaban desde Berlín y Bruselas, el FMI siempre intentó adoptar una posición flexible y moderada”.

A pesar de todo, Lagarde tendrá que seguir batallando con una situación económica global muy frágil, llena de incertidumbre, aunque acaba su primer mandato con un punto muy a su favor: dando más peso en la estructura de gobierno a potencias en desarrollo como China, Rusia, Brasil o México.