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En el año 2016 han ocurrido grandes cambios económicos, como las políticas monetarias de los bancos centrales y la subida de las materias primas (principalmente el petróleo). También ha habido grandes cambios políticos que han afectado a los mercados. A tan solo dos días de que termine el año analizamos los grandes cambios económicos que han tenido lugar este año.

En un entorno cada vez más globalizado, la coyuntura siempre es cambiante y los mercados reaccionan constantemente ante multitud de factores, pero la trayectoria de la economía mundial en 2016 parece mostrarnos una nueva dirección: mercados más volátiles, con más oportunidades pero también más riesgo, en un marco de relaciones internacionales más incierto y con menos integración regional, con la vuelta de la inflación en el horizonte.

Todos estos cambios han hecho casi irreconocible el panorama económico heredado del año anterior, y nos permiten también intuir los retos del próximo:

La incertidumbre política, protagonista en los mercados

El año 2016 se ha caracterizado, entre otras cosas, por un giro en la escena política que ha tenido un profundo impacto en la economía mundial. Es importante recordar que en las últimas décadas, las políticas económicas del mundo desarrollado (especialmente en Europa y Estados Unidos) parecían orientadas hacia una mayor libertad comercial entre los países.

Esta expansión del libre tránsito de bienes, personas y capitales se enmarca a su vez en otro más amplio (la globalización), pero en Europa concretamente ha derivado en la integración económica, es decir la convergencia progresiva de todas las economías del Viejo Continente mediante la cesión de soberanía a favor de las autoridades comunitarias. En otras partes del mundo también existen movimientos similares, sin llegar al grado de integración de la Unión Europea pero sí formando importantes bloques económicos regionales (NAFTA, Mercosur, etc.).

Sin embargo, la decisión de los británicos de abandonar la UE en junio y la elección de Donald Trump como presidente de Estados Unidos abrieron un nuevo escenario de incertidumbre. Por primera vez desde el fin de la Guerra Fría, un país optaba por romper con el proyecto de integración europeo, buscando recuperar la soberanía perdida e invirtiendo la tendencia de las últimas décadas.

En Estados Unidos, la victoria de Trump en las presidenciales parece reforzar del otro lado del Atlántico un sentimiento similar al que había inspirado el Brexit: abandonar la integración económica regional, fomentar la producción nacional y volver al bilateralismo como medio para relacionarse con el resto del mundo.

La primera consecuencia de este giro político ha sido, naturalmente, la ruptura de los acuerdos que buscaban ampliar la integración regional a través de la creación de grandes áreas de libre comercio. De esta manera, en apenas unos meses los dos tratados de comercio internacional más ambiciosos (el Acuerdo Transpacífico y el TTIP) han anunciado su fracaso: el primero, a causa de la retirada de Estados Unidos prometida por Trump, mientras que el segundo ni siquiera consiguió terminar las negociaciones ante las dudas generadas y el rechazo mayoritario de la opinión pública.

El efecto de estos sucesos ha llegado a ser tan amplio que incluso en otras partes del mundo (como Argentina o Brasil) el cambio político también parece coincidir con un relativo abandono de los proyectos de integración regional y la articulación de las relaciones comerciales a través de una nueva red de acuerdos bilaterales.

Por otra parte, los errores en las encuestas electorales y la sorpresa generada por los sucesos políticos en los mercados también han afectado el mercado de divisas. La libra esterlina, por ejemplo, ha pasado de cotizar alrededor de 1,35 euros a 1,17 (lo que supone una depreciación de un 13% a lo largo del año), con caídas de hasta un 9% en solamente un día tras el anuncio del Brexit.

En Estados Unidos el efecto parece ser el contrario: después de un breve periodo de volatilidad tras las elecciones, el dólar se ha visto fortalecido y a finales de 2016 ya cotiza un 5% más con respecto al euro. Por último, la moneda comunitaria también se ha visto seriamente afectada, ya que el factor político mencionado anteriormente y la continuidad de la expansión monetaria del BCE han propiciado una depreciación moderada, la cual a su vez ha amortiguado el fortalecimiento ante la libra y ha reforzado la caída ante el dólar.

El petróleo se recupera

El petróleo, por su parte, ha sido también uno de los grandes protagonistas de la economía mundial en 2016. Después de años de constantes subidas (llegando el barril Brent por encima de los 145 dólares en 2008), el crudo parecía estabilizado alrededor de los 100 dólares hasta que a mediados de 2014 comenzó a sufrir una serie inédita de caídas.

Ese año el Brent perdió casi la mitad de su valor, pero en 2015 la espiral bajista continuó hasta un mínimo histórico de unos 35 dólares, con un profundo impacto en la economía mundial. Sin embargo, en los primeros seis meses de este año ha tenido lugar una fuerte recuperación de los precios, estabilizándose alrededor de los 50 dólares pero con un notable aumento de la volatilidad.

El fin de la coordinación entre bancos centrales

Otro hecho económico destacado es, sin duda, el fin de la coordinación (al menos tal como se entendía hasta ahora) entre las autoridades monetarias estadounidenses y europeas. En las últimas décadas, a pesar de la autonomía de los bancos centrales, muchas de las decisiones monetarias de mayor importancia se han tomado de forma coordinada a ambos lados del Atlántico. Es lo que se hizo cuando se subieron las tasas de interés en los años inmediatamente anteriores a la crisis, y también cuando se bajaron después de ella: en ambos casos las medidas tomadas en Estados Unidos y en Europa compartían el mismo signo restrictivo y expansivo, respectivamente.

Este año, sin embargo, la Reserva Federal ha decidido comenzar con una subida gradual de tipos, mientras que el Banco Central Europeo los ha bajado hasta el 0% y ha ampliado sus planes QE. Posiblemente la decisión sea razonable: al fin y al cabo, Estados Unidos parece recuperado de la crisis, se acerca al pleno empleo y ya empieza a tener algunos problemas con la inflación, mientras que Europa sigue sufriendo tasas de desempleo demasiado elevadas y disfruta de estabilidad de precios. Sin embargo, los hechos no dejan de ser sorprendentes, ya que por primera vez en muchos años el ciclo monetario en Estados Unidos es opuesto al de Europa.

Los hechos no dejan de ser sorprendentes, ya que por primera vez en muchos años el ciclo monetario en Estados Unidos es opuesto al de Europa.

El fantasma de la deflación

También es en el Viejo Continente donde podemos localizar el cuarto hecho económico más relevante del año 2016: la deflación. Es necesario recordar que la debilidad de la recuperación europea ha tenido un impacto a la baja sobre el nivel de precios desde al menos 2013 y que el HICP europeo no ha llegado a registrar valores negativos a escala interanual, pero este año la amenaza deflacionista ha sido especialmente importante.

El motivo no es otro que el signo expansivo de las políticas monetarias europeas y su incapacidad de recuperar los precios. Dicho de otra manera, lo especialmente preocupante no es que en Europa no aumente la inflación, sino que esto no ocurra a pesar de todos los esfuerzos del BCE por conseguirlo. Este aspecto es esencialmente relevante, ya que genera dudas sobre la efectividad de los instrumentos monetarios de los que dispone Mario Draghi.

No obstante, los últimos meses del año han registrado un débil repunte de los precios acompañando la recuperación del petróleo: solo el tiempo dirá si esto se debe a un efecto postergado de las políticas del BCE o si tiene su origen en las presiones inflacionistas de Estados Unidos y del mercado energético.

Lo especialmente preocupante no es que en Europa no aumente la inflación, sino que esto no ocurra a pesar de todos los esfuerzos del BCE por conseguirlo.

Rally bursátil

Por último, la volatilidad en los mercados bursátiles también ha caracterizado el año 2016, viendo cómo unos valores no han dejado de subir mientras que otros se han desplomado hasta mínimos históricos. Aunque el periodo 2014-2015 había alternado meses alcistas con otros bajistas, este año parece haber registrado un patrón diferente, con alzas continuas que solo se ven interrumpidas por fuertes movimientos correctivos que apenas duran unos días.

La nueva dinámica bursátil, por otra parte, ha roto parcialmente el movimiento convergente de muchos valores. De esta manera, mientras algunos sectores (como la banca europea) sufrían fuertes caídas en su cotización, las empresas tecnológicas en Estados Unidos acumulan ya una revalorización del 28% desde marzo (tomando como referencia el Nasdaq Composite) y lideran un auténtico rally bursátil.