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Las alarmas se han desatado. La entidad bancaria va a cerrar 450 sucursales en España con el consiguiente número de despidos. El sector financiero y la sociedad en general se han sobrecogido ante la decisión tomada por Ana Botín que, a buen seguro, será secundada por el resto de los grupos económicos. El desafío está servido.

Los datos son elocuentes. 24.000 empleados españoles se verán reducidos en un 12% a lo largo de este año 2016 en una estrategia que tiene como objetivo adaptarse al nuevo panorama financiero que se abre tras una crisis que, para muchos, no ha dado su último coletazo. Es más, todavía se desconoce el número exacto de trabajadores que se verán afectados por una reestructuración.

No obstante, las sucursales implicadas serán oficinas de pequeño tamaño, con menos de tres empleados, los cuales se integrarían en otros departamentos más amplios o, en caso de que no puedan ser recolocados mediante este sistema de traslados, pasarían a los procesos de prejubilación.

“Los principales motivos de la reestructuración llevan a Ana Patricia Botín a dar un giro de 180 grados al banco”

La intención que se propone Banco Santander con esta iniciativa no es otra que la de mejorar su eficiencia con la digitalización de procesos, la reordenación de funciones para evitar duplicidades y la optimización de costes.

En otras palabras, los motivos de la difícil coyuntura que experimenta la entidad pasan por las siguientes pautas: en primer lugar, el fallecimiento de su presidente, Emilio Botín, dejó a su hija Ana Patricia al frente de procesos financieros que se quedaron obsoletos con el paso del tiempo y, además, vinculados a ingentes costes. A estos factores hay que añadir la voraz competencia que caracteriza el panorama bancario actual y una situación económica que no termina de despegar. Los inicios presidenciales, por tanto, de Ana Botín, no han sido muy afortunados.

En segunda posición se encuentra la bajada de los tipos de interés, que están en el 0% e incluso en negativo, lo que se traduce en que las organizaciones bancarias pierden dinero al prestarlo; una tesitura que pone contra las cuerdas lo que hasta la fecha ha sido el núcleo duro de las dinámicas financieras: la banca ya no puede obtener beneficios y, por tanto, su actividad y desarrollo se ven paralizadas por completo. Sin salida.

Pero el Banco Santander no ha sido el primero en afrontar los difíciles tiempos por los que atraviesa el sector financiero tradicional. BBVA ya comenzó su cambio de timón el pasado año para adecuarse a los cánones digitales que exige el mundo actual convirtiéndose, de este modo, en la primera entidad online a nivel mundial. El objetivo que siempre ha buscado su presidente, Francisco González y que, sin duda, ha logrado.

En tercer lugar se ubica en Bruselas. Con el propósito de que los ciudadanos no acaben abonando el precio de los rescates, la Unión Europea ha impuesto mayores condiciones de capitalización, una medida que se suma a la ya delicada situación financiera global y en la que la banca online tiene todas las de ganar: el inminente cierre de sucursales y el auge de los millenians con sus indispensables smartphones abre la puerta a un sinfin de competidores que podrían acabar con las finanzas al uso. Con los bancos de siempre.

Por último, otra de las razones inherentes al banco, es la evolución de las economías Latinoamericanas, que están castigando sus cuentas, ya que un 34% de su cifra de negocio proviene de allí, donde además las monedas cada vez están más devaluadas para intentar reactivar la economía.