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Mientras los suizos rechazan en referéndum una renta básica universal, en Holanda se proyectan los primeros programas piloto. En una Europa aún golpeada por la crisis, en algunos países la RBU se va convirtiendo en uno de los puntos esenciales del debate económico. Analizamos las ventajas e inconvenientes de instaurar la renta básica universal.

El ayuntamiento de Utrecht (Países Bajos) ha anunciado el inicio de un programa piloto de renta básica universal en su ciudad. El proyecto, que daría comienzo en 2017, consistiría en asignar un nivel mínimo de ingresos a pequeños grupos de personas, cada uno con un matiz diferente (por ejemplo, incluyendo incentivos al trabajo voluntario). La iniciativa, que se suma a otras similares puestas en marcha en Canadá, Finlandia y especialmente en la propia Holanda, contrasta con el decidido rechazo de los ciudadanos suizos (con un 76,9% de los votos en contra) a implantar una renta básica universal en su país en el referéndum del pasado 5 de junio.

Podríamos decir que la idea de establecer un ingreso mínimo universal no es nueva, ya que existe un lejano precedente en Thomas Paine (1737-1809) y fue recogida posteriormente por numerosos economistas relacionados con el socialismo (tanto marxista como premarxista) en el siglo XIX. Sin embargo, el concepto de renta básica universal acabó definiéndose en la segunda mitad del siglo XX y es hoy, a principios del XXI, cuando la idea surge con una fuerza renovada como alternativa a los problemas sociales ocasionados por la crisis de 2007.

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De hecho, al menos en el caso de Europa las desigualdades parecen haberse disparado como consecuencia de la crisis, no solamente desde un punto de vista regional (frenando la convergencia entre la renta de los países más atrasados con respecto a los más desarrollados) sino también nacional, ya que dentro de muchos países ha aumentado la brecha social entre los ciudadanos más ricos y los más pobres.

En teoría la mayor parte de los estados europeos cuenta con mecanismos para contrarrestar este tipo de problemas (el Estado de Bienestar y los sistemas fiscales progresivos), pero en 2012 el índice de Gini para los 27 miembros de la UE se había mantenido prácticamente inamovible desde 2007, a pesar de que el gasto en protección social había aumentado sensiblemente (más de 3 puntos del PIB, hasta el 28,6%). Como puede apreciarse en la gráfica, sí parece haber una relación inversa entre ambas variables pero la curva de tendencia logarítmica desciende de forma muy leve, lo que significa que una distribución de la renta ligeramente más igualitaria exige cuantiosos recursos públicos.

Algunos interpretan esta realidad como un éxito al considerar que, de no existir estas políticas sociales, la distribución de los ingresos sería mucho más desigual en lugar de mantenerse prácticamente en los niveles de 2007. Por el contrario, se podría entender como un fracaso si vemos que los índices de pobreza se han deteriorado seriamente (sobre todo en la Europa meridional), y que el enorme esfuerzo fiscal apenas ha tenido ninguna repercusión sobre la distribución de la renta. Tal vez por este motivo en los últimos años algunos economistas han rescatado la idea de la renta básica universal, aunque sus propuestas no están exentas de polémica.

Se plantea la RBU como alternativa a los sistemas tradicionales de protección social, ya que las políticas actuales requieren grandes esfuerzos fiscales para lograr una distribución de la renta ligeramente más igualitaria.

Ventajas de la Renta básica universal

Los defensores de esta idea argumentan que al conseguir que cada ciudadano reciba un ingreso mínimo (independientemente de su situación laboral) se aseguraría la subsistencia de todos y así se evitarían situaciones de marginalidad o de injusticia al ofrecer, por ejemplo, recursos a personas enfermas que por motivos de salud no pueden trabajar. Las principales consecuencias serían, por tanto, la reducción de la pobreza y la integración de personas que previamente se encontraban marginadas de la vida social.

Otra ventaja podría ser una mejora de las condiciones laborales, ya que los trabajadores desempleados (al tener asegurada su subsistencia) podrían no aceptar los trabajos menos remunerados y así los empleadores se verían obligados a ofrecer mejores salarios para cubrir los puestos vacantes. Por otra parte, los trabajadores ya empleados verían fortalecida su posición a la hora de negociar sus condiciones laborales, ya que no actuarían condicionados por el miedo a perder sus puestos de trabajo y perder sus únicos ingresos.

Además, uno de los principales argumentos de los defensores de la renta universal básica es que su implantación contribuiría al crecimiento económico ya que se traduciría en un aumento de la demanda agregada. Como sostiene la doctrina keynesiana de la propensión marginal al consumo, las personas con niveles inferiores de ingresos suelen gastar una proporción mayor de éstos para cubrir sus necesidades vitales, mientras que lo contrario ocurre con los ciudadanos de rentas más altas. Por lo tanto, una redistribución de la riqueza hacia las familias más pobres podría traducirse en un aumento del consumo en toda la economía, potenciando la demanda agregada y por extensión también la producción y el empleo. Esto a su vez generaría un aumento de la recaudación fiscal, lo que supondría que la renta universal básica es una iniciativa que se autofinancia.

Inconvenientes de la Renta básica universal

Sin embargo existen también numerosas objeciones al planteamiento de la renta básica universal. En primer lugar, los detractores de la propuesta argumentan que muchos trabajadores e incluso pequeños empresarios podrían no tener incentivos para trabajar, ya que preferirían dedicar más tiempo al ocio al tener ya asegurada su subsistencia.

Este fenómeno podría estar relacionado a su vez con una cierta “ilusión monetaria”, es decir, que los beneficiarios de esta iniciativa incrementarían su gasto en una proporción mayor al aumento de su riqueza real al ver que sus ingresos crecen en términos nominales.

Por otra parte, hoy en día uno de los principales frenos al trabajo “en negro” es la aversión de los trabajadores a aceptar este tipo de empleos, ya que no les permiten cotizar en la Seguridad Social y los obligarán a jubilarse con pensiones más bajas. Sin embargo, el hecho de tener asegurada una renta mínima en el futuro podría cambiar esta situación y reduciría la aversión inicial, fomentando así el fraude en el mundo laboral.

En cuanto al efecto sobre la propensión marginal a consumir, si bien es cierto que una redistribución más igualitaria de la renta daría lugar a un aumento del consumo también hay que considerar que esta nueva realidad reduciría considerablemente el ahorro. Es importante recordar que el ahorro es igualmente necesario para el funcionamiento de una economía ya que se trata de la fuente de recursos esencial para que exista la inversión, la cual también es generadora de empleo y motor de crecimiento. De hecho, la experiencia económica demuestra que los países que han experimentado un desarrollo más equilibrado (como Alemania o Japón) han crecido manteniendo niveles altos de propensión marginal al ahorro, ya que así han conseguido generar por sí mismos el capital necesario para invertir en la modernización de sus economías. Por el contrario, países que han apostado más exclusivamente por el consumo interno han acabado por depender de la inversión extranjera, y en muchos casos profundamente endeudados (como Grecia) o sufriendo la formación de burbujas (España).

Otro problema es la financiación de esta medida, ya que incluso sus defensores admiten que supondría un importante esfuerzo para las arcas públicas. Dependiendo del origen de los recursos los efectos sobre la economía real serían diferentes, pero en cualquier caso negativos: si se financia aumentando la presión fiscal se desincentivarían el ahorro, el trabajo y la inversión, si se hace a través de déficit presupuestario el Estado acabaría más endeudado, y si se instrumenta a través de la emisión de dinero por parte de los bancos centrales los mercados se verían distorsionados y sería muy difícil controlar la inflación.

La renta básica universal, lejos de autofinanciarse, acabaría anulándose a sí misma.

Sin embargo la principal objeción a la renta básica universal, al menos según sus detractores, es que se trata de una propuesta que entiende la riqueza desde un punto de vista exclusivamente monetario y no desde la economía real. Dicho de otra manera, la idea de asignar una cantidad mínima de recursos a todos los ciudadanos pretende hacerlos más “ricos” por el simple hecho de poner más dinero en sus manos, cuando realmente la riqueza consiste en los bienes y servicios que se producen en un país y a los que los recursos monetarios permiten acceder. Siguiendo este razonamiento se podría decir que la renta básica universal (especialmente si se financia con aumentos de la masa monetaria) solamente distorsionaría los mercados y produciría inflación, ya que al mismo tiempo contribuiría a reducir la oferta agregada (al desincentivar el trabajo productivo) y a aumentar la demanda (por el aumento de la propensión marginal al consumo). Teniendo en cuenta que la inestabilidad de precios suele mermar el poder adquisitivo, la consecuencia sería un aumento de la pobreza y de las desigualdades. De esta manera la renta básica universal, lejos de autofinanciarse, acabaría anulándose a sí misma.

En cualquier caso, el experimento que se pretende poner en marcha en Utrecht es uno de los más completos y ambiciosos que se han realizado hasta la fecha. En la medida en la que estudiará simplemente los comportamientos individuales (es decir, a nivel microeconómico), es posible que tenga éxito, pero seguiría sin considerar los efectos a nivel macroeconómico ya mencionados. Además se trataría de enriquecer solamente a un grupo de ciudadanos (los beneficiarios del experimento) con respecto al resto de la sociedad (cuando realmente la propuesta pasa por asignar un nivel de ingresos mínimos a todos), lo cual restaría credibilidad a las conclusiones del estudio. Tal vez porque la renta básica universal, como muchas de las iniciativas económicas más radicales, no aceptan pruebas piloto. Quizás, como se proponía en Suiza, la única forma de probar su éxito o su fracaso sería ponerla en marcha.