El ahorro de los ciudadanos españoles no parece pasar por buenos momentos. Los últimos datos del informe emitido por la agencia de calificación Moody’s indican que el ahorro de las familias españolas ha descendido hasta el 5,7% de la renta, cuando antes de la crisis económica se situaba en el 6%. ¿Realmente España tiene un problema con el ahorro privado?

El estallido de la crisis económica en 2008 provocó un incremento del ahorro. Se dibujaban horizontes poco alentadores, marcados por la recesión y el desempleo y ante lo adverso de las circunstancias, los hogares españoles hicieron acopio de sus recursos para prepararse para lo peor. Las compras de bienes esporádicos, que requieren desembolsos mayores de lo normal para las familias se postergaron, dejando para otro momento la adquisición de coches y electrodomésticos. Todo ello supuso una reducción de la deuda de las familias del 80% del PIB al 60%.

No obstante, en el año 2013 llegaron tiempos más favorables para la economía española y a partir de ese momento, las rentas familiares comenzaron a crecer. Una luz se dibujaba esperanzadora al final del largo túnel de la recesión. Lentamente, los temores se desvanecían, mejorando las perspectivas económicas y las posibilidades de acceder a la financiación.

Auge de los créditos al consumo

Prueba de ello es que hoy en día, ante la perspectiva de un mañana más esperanzador que el de 2008, los ciudadanos muestran mayor optimismo, por lo que en lugar de destinar parte de su renta al ahorro, gastan más alegremente e incluso se endeudan, recurriendo en gran medida a créditos al consumo. Y es que en los cuatro últimos años, este tipo de créditos han aumentado un 15%. Entre los motivos que explican el auge de los créditos al consumo se encuentran unos bajos tipos de interés y unas buenas perspectivas económicas, lo que implica que la ciudadanía española no se vea agobiada por una imperiosa necesidad de ir saldando sus deudas.

Así pues, podemos decir que el ciudadano español vive al día, puesto que desde 2013 el consumo se ha visto incrementado en un 13%. Pese a todo, el consumo de las economías domésticas aún sigue siendo inferior al de los niveles anteriores a la crisis.

El destacado aumento de la demanda de créditos al consumo no es el único factor explicativo del descenso de las tasas de ahorro en España. La reforma laboral implementada en el año 2012 conllevaba una mayor flexibilidad e implicó un descenso de los costes laborales. En otras palabras, con menores salarios, los ciudadanos españoles se dedicaban de atender sus necesidades básicas, por lo que disponían de menor cantidad de renta para destinar al ahorro. En este sentido hay que mencionar los bajos sueldos de entrada para quienes se incorporan al mercado laboral, pues han registrado una caída que oscila entre el 15% y el 20%. Con un salario medio de 24.864 euros según informaciones de la Agencia Tributaria, ahorrar no es precisamente una tarea sencilla.

La estructura de la población y los tipos de familias también influyen en la cantidad de renta destinada al ahorro. Tengamos en cuenta la gran cantidad de jóvenes y familias con monoparentales, cuya capacidad de ahorro es mucho menor que la de una unidad familiar tradicional.

Ahorro financiero versus ahorro inmobiliario

No podemos olvidar el tipo de ahorro por el que está apostando una parte importante de la sociedad española. Frente al ahorro financiero encontramos el denominado “ahorro inmobiliario”, es decir, la inversión en vivienda como forma de ahorro.

En España es habitual recurrir a la vivienda en propiedad, puesto que es un activo que con el paso del tiempo se revaloriza y que además se puede dejar en herencia. Prueba de la importancia que tiene la inversión en vivienda es que en España el 40% de las familias tienen un segundo inmueble. Pero invertir en inmuebles tiene sus inconvenientes, como la falta de liquidez a la hora de atender deudas apremiantes, la limitación que supone a la hora de precisar movilidad laboral y el gran endeudamiento que puede suponer embarcarse en un crédito hipotecario.

Aunque no todos pueden acceder al ahorro inmobiliario, los colectivos más vulnerables, como los jóvenes y los desempleados se encuentran con auténticas dificultades a la hora poder acceder a préstamos hipotecarios con los que poder financiar la compra de su vivienda.