El Senado de Estados Unidos da luz verde a la mayor bajada de impuestos en los últimos 30 años, disparando las bolsas en todo el mundo. ¿En qué consiste la reforma fiscal de Trump?

Después de varios meses de borradores de propuestas y debates en los medios de comunicación, la reforma fiscal prometida por Donald Trump finalmente fue aprobada por el Senado el pasado 2 de diciembre. A pesar de contar con el rechazo de todos los congresistas demócratas y de haber sido aceptada por una mayoría muy ajustada (51 votos a favor y 49 en contra) podemos afirmar que nos encontramos ante una victoria legislativa clave para el presidente norteamericano por diversas razones.

La primera motivación es exclusivamente política, ya que la reforma fiscal era una de las promesas estrella del programa electoral de Trump, y para la popularidad del presidente era esencial un éxito de estas dimensiones después del fracaso de su reforma sanitaria. El segundo motivo, también político, no es otro que la cercanía de las elecciones legislativas de 2018, en las cuales los republicanos podrían ver mejorados sus resultados si las medidas son bien acogidas por la opinión pública. La tercera razón, de carácter económico, es el que más nos interesa, ya que se trata de la mayor bajada de impuestos en los últimos 30 años, cuyos detalles analizaremos en este artículo.

Menos presión sobre los ingresos personales

El primer punto de la reforma es un fuerte recorte de los impuestos directos sobre las personas físicas, con un aumento de los umbrales de tributación para las rentas más bajas. Esta medida podría suponer un importante alivio para los contribuyentes de clase media, al darles un margen más amplio para aumentar sus ingresos sin sufrir una presión fiscal más elevada. En cuanto a las rentas altas, se verían beneficiadas ya que el tipo marginal máximo pasaría del 39,6% al 38,5%.

Por otra parte, la reforma también contempla aumentar las deducciones, que en algunos casos pueden llegar casi a duplicar el máximo permitido hasta ahora (las familias, por ejemplo, podrían deducir hasta 24.000 dólares anuales, mientras que bajo la administración Obama tenían un límite de 13.000).

La propuesta además contempla eliminar el mínimo exento (actualmente 4.150 dólares por año), lo cual implica que el escalón más bajo de renta pasaría a estar sujeto a tributación, aunque la ampliación de las deducciones fiscales permite suponer que en la práctica esta medida apenas tendrá repercusión sobre los contribuyentes con menos recursos.

También merece una mención especial el tratamiento a las familias, que se verían beneficiadas por un paquete de medidas que incluye bandas de tributación más amplias y un fuerte aumento de las deducciones por cada persona dependiente de la unidad familiar.

Al mismo tiempo se cambiaría el deflactor de los impuestos (pasando de un índice general de precios a una media móvil ponderada) y se eliminarían algunas deducciones relacionadas con gastos médicos y determinados impuestos. También se suprimiría la obligatoriedad para los trabajadores de adquirir un seguro médico, derogando así una de las principales novedades del Obamacare.

Menos impuestos a las empresas

No obstante, si el debate en el ámbito nacional parece girar alrededor de las novedades del impuesto sobre la renta, las portadas de la prensa internacional no hablan de otra cosa que del impuesto de sociedades. En el fondo, este hecho no está exento de lógica si analizamos la profundidad de la reforma, que supondría un recorte drástico de las cargas fiscales que tienen que soportar las empresas: del 35% al 20%. Aunque también se limitaría la deducibilidad de algunos gastos, se prevé que estas medidas apenas podrán moderar el inmenso alivio que verían los empresarios norteamericanos a la hora de pagar sus impuestos cada año.

En cuanto a los beneficios que tributan en el extranjero (especialmente en paraísos fiscales), la reforma apuesta por afrontar el problema dando facilidades a la repatriación de capitales a través de la aplicación de tipos reducidos. De esta manera el gobierno busca no solamente aumentar los ingresos fiscales sino también mejorar la competitividad de la economía estadounidense y fomentar la reinversión de los beneficios en el país.

¿Qué efectos tendrá la reforma sobre la economía?

Independientemente de las valoraciones más o menos positivas, existe un amplio consenso entre los analistas en afirmar que sin duda alguna la reforma tributaria de Trump tendrá un profundo impacto en la economía norteamericana. Como suele suceder tras cualquier rebaja de impuestos, a corto plazo el primer efecto sería posiblemente un aumento del déficit público (estimado en unos 1,5 billones de dólares a lo largo de la próxima década) con el consiguiente incremento de la deuda. No obstante, se trata de una previsión que no considera recortes en el gasto público ni la mejora de los ingresos como consecuencia de una mayor tasa de crecimiento.

Por su parte, las bolsas parecen haber ignorado el posible deterioro de las finanzas públicas y han reaccionado con entusiasmo, registrado subidas en la mayor parte de los valores norteamericanos. El motivo es que la reducción de impuestos prevista no sólo aumentará los dividendos de los accionistas sino que beneficiaría a la economía en su conjunto, al dejar en manos de individuos y empresas más renta disponible para el consumo y el ahorro. No en vano, los analistas prevén que gracias a la reforma el PIB podrá crecer por encima del 3% en los próximos años, unas cifras que no se habían visto en Estados Unidos desde 2005.

Además, si las iniciativas encaminadas a fomentar la repatriación de capitales tienen un cierto grado de éxito, podemos esperar también un aumento de la inversión en el país y un dólar más fuerte. Este efecto podría enmarcarse en un contexto de mayor confianza en la divisa norteamericana y la continuación de las subidas en las bolsas.

Por último, la reforma también tiene aspectos más polémicos como el fin de la obligatoriedad de adquirir un seguro médico, lo cual según la oposición demócrata podría precarizar la situación de millones de trabajadores beneficiados por el Obamacare. Desde el extremo opuesto del espectro político estadounidense, algunos de los republicanos más proclives a la austeridad fiscal también desconfían ante un plan que podría aumentar el desequilibrio de las finanzas públicas. Mientras tanto, los mercados parecen confiar plenamente en las medidas de Trump y tanto el Dow Jones Industrial como el sector tecnológico están en máximos históricos. Nuevamente, y como tantas otras veces ha ocurrido, vuelven a enfrentarse los políticos y los economistas: sólo el tiempo nos dirá quién tiene razón.