Los españoles utilizan más las webs de economía colaborativa que la media europea. Puede que sea por el carácter más social de los españoles. En tiempos de crisis, además, es una gran oportunidad para hacer negocio y la tecnología es su gran aliado. Sin embargo, la regulación sigue siendo un gran caos.

La economía colaborativa es la optimización de los recursos que posee un individuo y que antes estaban ociosos. El Foro Europeo de Economía Colaborativa (Eucolab) celebrado en Bruselas a finales de 2016, reveló datos tan impactantes como estos:

  • La economía colaborativa generó en Europa un volumen de negocios de más de 28.000 millones de euros. Las previsiones para los próximos años es que supere los 160.000 millones de euros.
  • En España el 6% de la población utiliza la economía colaborativa, bien para consumir o para ofrecer productos y servicios de manera habitual. Va a la cabeza de Europa, donde la media es del 5%.
  • En 2015 se invirtieron 13.000 millones de euros en sistemas de economía colaborativa en España y 9.000 millones de euros en 2014. Su crecimiento ha sido exponencial y se prevé que siga esa misma tendencia.
  • Transporte y alojamiento suponen el 80% de estas inversiones. Durante los próximos años, también veremos cómo en sectores tradicionales como el financiero, que ahora supone un 6%, comienzan a ganar peso en estos nuevos modelos.

La CNMC (Comisión Nacional del Mercado de la Competencia) también ha realizado su correspondiente estudio sobre la situación de los usuarios españoles, algunos resultados han sido:

  • El 27% de los usuarios de internet españoles utilizan, al menos, una vez al año una plataforma de economía colaborativa; Para compra venta de productos de segunda mano, alquileres, compartir…
  • El 67% de los usuarios se sintieron satisfechos con su uso
  • En España predominan los demandantes de servicios de economía colaborativa frente a los oferentes.
  • El principal motivo para su uso es contar con un precio más competitivo.

Quizás lo que más haya costado es ganarse la confianza de los consumidores y usuarios. El poder confiar un intercambio, cerrar un precio, ir a la casa de un desconocido o montarse en su coche. Lo que parecía una locura hace unos años, y que rompe con la norma básica que ha todos nos han dicho de niños; “No te montes en coches de desconocidos”, las tecnológicas han sabido romper esta barrera y ganarse a los usuarios a través de referencias de amigos, comentarios, valoraciones, publicación de información…

A día de hoy, podemos afirmar que la economía colaborativa ha irrumpido con fuerza en los modelos tradicionales y ha mejorado el bienestar de los consumidores y usuarios. Ahora el dilema está en su regulación, ya que no existe una regulación específica para este tipo de economía. Este hecho está levantando ampollas en ciertos sectores que están demandando un marco legal que ampare este tipo de prácticas y cómo deben actuar unos agentes y otros.

El gremio de taxistas o autobuses se levantan en armas contra Bla Bla Car en España o contra Uber en otros países por incurrir en competencia desleal. Por el momento y sin haber una ley específica para estos temas, la justicia ha permitido que las aplicaciones de economía colaborativa continúen operando como ha ocurrido recientemente con Bla Bla Car, que es considerado como una red social y no como una empresa de transportes.

El presidente de la CNMC en España se posiciona con naturalidad del lado de la nueva y disruptiva economía digital. “No se trata de prohibir sino de ordenar” y anunció que pronto se conformará un marco regulador para estos aspecto. Aunque dentro del organismo existen bandos que apoyan firmemente la defensa de los sectores tradicionales. Lo que si es cierto, es que seguimos sin una jurisdicción clara y transparente en estos aspectos y la velocidad a la que avanzan los cambios tecnológicos, está demandando su aprobación.

En términos internacionales, cada país presenta una legislación distinta y lo que demandan algunas de estas empresas de la economía colaborativa es que se rompan esas barreras legales al igual que se rompen las geográficas con la tecnología; Que la jurisdicción entre unas regiones y otras del mundo traten de converger lo máximo posible. Actualmente, por ejemplo, Airbnb tiene 2 millones de alojamientos anunciados y opera en 191 países, cada uno con una legislación totalmente diferente, algunos difieren entre ciudades de una misma nación e incluso en algunos, están en el limbo legal. Sin embargo, el usuario final, demanda siempre el mismo producto esté donde esté.

Las empresas deben adaptarse a los nuevos tiempos, a los nuevos modelos de negocio, nuevos gustos e intereses de sus clientes y no ver la economía colaborativa como una amenaza.

“Cuando soplan vientos de cambio, algunos levantan muros y otros construyen molinos.” El que no se adapte a los nuevos modelos de economía, probablemente no sobreviva.

Ya existen empresas en sectores y modelos tradicionales que han sabido adaptarse a la economía colaborativa y sumar servicios, en vez de resistirse al cambio. Un ejemplo de ello es Room Mate, cadena hotelera española y con presencia internacional. Su competencia en términos de economía colaborativa es Airbnb, sin embargo, ha sabido reinventarse y escuchar los gustos de sus clientes. Sigue manteniendo habitaciones de hotel y además, ofrece apartamentos en rincones estratégicos de las ciudades, sin estar dentro de un complejo hotelero tal cual y a precios asequibles.

Bla Bla Car, Relendo, Airbnb, Chickfy, Wallapop, Luraki, Parkfy, Shipper, Wayook, Crowdcube, Kantox, Entrenarme, Blabelia, Beroomers, Comprea… y un sin fin de aplicaciones que están cambiando nuestra forma de vida, nuestra forma de relacionarnos, de gastar el tiempo y el dinero. En definitiva, la economía se está transformando. ¿Cómo se adaptarán los sectores tradicionales, las instituciones y la normativa en los próximos años?