Un activo libre de riesgo se define como aquél que presenta una rentabilidad conocida con anterioridad y su riesgo es cero, es decir que su volatilidad es nula y por tanto su valor no cambiará con el tiempo.

Los activos libres de riesgo representan la inversión más segura entre las ofrecidas en el mercado y son el punto de referencia en la relación entre estas dos variables, la cual está expresada en la frontera de carteras eficiente. Un tema esencial en el mundo de las finanzas, especialmente en el estudio de carteras de inversión, es la relación entre rentabilidad y riesgo. Cuanto mayor riesgo haya, mayor será la rentabilidad esperada de un activo, por lo que los activos libres de riesgo tendrán una rentabilidad muy reducida. El ejemplo por excelencia de un activo libre de riesgo es la deuda pública de un país muy solvente.

Los activos libres de riesgo son por excelencia la opción preferida por los inversores más conservadores, ya que éstos están dispuestos a sacrificar sus beneficios a cambio de obtener más seguridades. Su rentabilidad, además, es considerada como el valor mínimo que puede obtenerse en el mercado, ya que si la rentabilidad de un activo sin riesgo fuera, por ejemplo, un 1%, ningún inversor estaría interesado en un proyecto que ofreciera menor rentabilidad, como por ejemplo un 0,5%. Por ese motivo se considera que cualquier inversión con riesgo cuya rentabilidad sea inferior a la de estos activos no tiene sentido.

Hay que saber distinguir los activos libres de riesgo de los activos “refugio”, los cuales suelen presentar volatilidades bajas pero no nulas, pudiendo incluso llegar a ser anticíclicos con respecto a la coyuntura económica (es decir, que su valor aumenta cuando la economía decrece y viceversa), como ocurre con el oro.

La experiencia histórica de los siglos XIX y XX ha demostrado que la deuda pública no está tampoco exenta de la posibilidad de impago. En conclusión, podemos decir que es difícil afirmar la existencia real de activos libres de riesgo sin generar fuertes controversias, aunque en su lugar a veces pueden emplearse algunos valores de referencia (normalmente de deuda pública o refugio).