Una aseguradora o compañía de seguros es una empresa que se encarga de asegurar riesgos a terceros, de tal manera que protege o resguarda los bienes materiales de los riesgos a los que estos están expuestos.

La misión principal de una aseguradora es proteger desde el aspecto económico aquellos bienes que son potencialmente dañables y se encuentran bajo algún tipo de riesgo, como puede ser una vivienda, un automóvil o incluso a las propias personas físicas con los seguros de vida. De este modo, si ocurre algún accidente o eventualidad a lo protegido será la compañía quien se encargue de subsanar o reparar los daños.

A cambio de este tipo de protección la compañía de seguros exige unos pagos periódicos, también conocidos como cuotas o primas, para que esta cobertura tenga lugar. El importe de estos abonos suele ser determinado por el nivel de riesgo que calcule la compañía al ofrecer cobertura ante daños, lesiones o pérdidas.

A través de un contrato con sus correspondientes cláusulas y condiciones, la aseguradora y el asegurado pactan las condiciones en las que se lleva a cabo esta relación de protección frente a riesgos y la manera en que la parte aseguradora arregla posibles daños o paga una cantidad de dinero a la otra parte en caso de accidentes u otras situaciones. A este documento se le llama también póliza de seguros.

Para que una aseguradora tenga la posibilidad de acometer gran número de contratos y proteger un alto número de cuentas y clientes, es necesario que cuente con una considerable reserva para así tener un alto margen de solvencia ante futuros pagos propios de su actividad económica. Es por ello que el mercado de las compañías de seguros cuenta con un gran tamaño e importancia, siendo un pilar del mercado financiero junto a las entidades bancarias.

También existe la posibilidad de que cualquier sociedad mercantil actúe como aseguradora, desde las más corrientes sociedades anónimas a cooperativas.