Un bien de inversión es aquél que por su naturaleza o disposición se destina para ser utilizado como medio de explotación y lucro en el tiempo, generalmente más de un año.

La consideración de bien de inversión se otorga en función del uso que se le pueda dar o el objetivo de su tenencia. Difiere de otros tipos no por  su naturaleza sino por la utilidad que desempeñe.

De esta forma, un ordenador puede entenderse como bien de inversión si ostentamos la propiedad de éste con el ánimo de obtener un lucro o como herramienta de obtención de lucro. Dicho de otra forma, si el ordenador lo tenemos para que nos ayude en nuestra actividad económica (para trabajar con él), sería un bien de inversión. Estos bienes se encuadran dentro del activo del balance de una empresa.

Otros ejemplos serían todos aquellos bienes materiales o no con los que una organización puede obtener mediante su uso una rentabilidad (una vivienda o sede, herramientas, software, vehículos de empresa,…)

Consideración fiscal del bien de inversión

El tratamiento de bien de inversión es importante desde el punto de vista de la gestión fiscal y amortización en las empresas.

Por una parte, los bienes de inversión son deducibles siempre que superen un determinado valor de compra (superior a 3.000 euros), ya que se entienden que están destinados a la explotación y son una herramienta de trabajo y obtención de producción.
Por otra parte, es posible amortizarlos con un coeficiente oficial en el tiempo, deduciéndose y minorando el beneficio obtenido como consecuencia del desgaste y uso durante su vida útil.

Ejemplo de bien de inversión

Un ejemplo sería si compramos un coche para una empresa de mensajería. Como el vehículo es el medio fundamental para desempeñar la actividad, sería tratado como bien de inversión y sería deducible el montante monetario empleado para su adquisición. A su vez, y puesto que tiene ánimo de durabilidad de más de un año, podríamos descontarnos el desgaste sufrido en el tiempo como amortización.