Los bonos basura -también conocidos como “junk bonds”- son instrumentos financieros de deuda de baja calidad crediticia, de grado no-inversión, o de carácter especulativo.

En otras palabras, los bonos basura son productos emitidos por entidades poco conocidas o de escasa recomendación y que implican un elevado riesgo -en comparación con el resto de los bonos-, ya sea o bien por su exposición a la suspensión de pagos o bien a la volatilidad del mercado. En compensación a este mayor riesgo, ofrecen un tipo de interés más elevado y en ocasiones muy por encima de la media del mercado, lo cual ha llevado a más de uno al fracaso, y a otros -relativamente pocos en un universo de millones de individuos- al éxito.

El nivel de riesgo de estos bonos basura es valorado por las agencias de calificación o rating, quienes se encargan de subir o bajar la nota. Precisamente, este tipo de bono suele tener las peores valoraciones debido al nivel de riesgo que lleva implícito.

Actualmente son tres las agencias más relevantes que dan cuenta de estas clasificaciones: Standard & Poor’s, Moody’s y Fitch. Sus notas varían entre letras mayúsculas, minúsculas y números; de hecho, si bien sus aportaciones tienen una denominación particular por agencia, la norma general refleja las mejores calificaciones con la letra “A” y las peores, con la “B”. En este sentido, los bonos basura suelen denominarse con la valoración BB+. (Véase las Agencias de rating)

Según publica el diario financiero elEconomista.es, “los inversores han comenzado a mostrarse reacios a prestar dinero a las compañías con una calificación crediticia más baja, lo que está haciendo que el precio de los bonos basura empiece a caer y que, a su vez, éstos ofrezcan una rentabilidad mayor”.

El mismo periódico añade que “los inversores están reclamando una rentabilidad extra para prestar su dinero a las firmas con menor valoración crediticia”. En concreto, estos prestamistas están demandando 9,04 puntos porcentuales más que hace unos meses, según asegura Bank of America.

Como resultado de todo ello, y aunque las empresas siguen colocando en el mercado grandes cantidades de deuda, las que son consideradas menos valiosas están empezando a desaparecer del mapa de objetivos de los inversores.

Así pues, 2015 podría ser catalogado como un año histórico por el volumen de organizaciones que pierden el grado de inversión y caen a bono basura. Estos emisores -que pueden ser tanto empresas como estados- son conocidos como ángeles caídos (fallen angels), los cuales están señalando un periodo de récord después de una de las últimas estimaciones de Standard & Poor’s, que continúa elevando el número de compañías que se encuentran en esta situación.