Los bonus son la retribución variable que algunas empresas pagan a sus directivos por alcanzar objetivos o un trabajo extraordinario.

En general los bonus vienen fijados en las condiciones contractuales de los profesionales, además del salario fijo. La proporción del salario variable vendrá definida en función del tipo de trabajo y sector, ya que dependiendo de los flujos y la facturación de cada tipo de trabajo y la dificultad de éste, pueden establecerse bonus para esforzarse más en la consecución de ganancias.

En general, los bonus van acompañados de objetivos claros, medibles, alcanzables y realizables que se fijan a principios para todos los profesionales con este sistema y que van unidos a un sistema de retribución en función del salario fijo (por ejemplo, obtener un 10% del salario bruto anual como bonus) o independiente de éste, ya sea una cuantía fija o en función de las ventas realizadas. Con ello también se pretende una mejora en la productividad y motivación de los empleados y una alineación con la compañía.

Sin embargo, el bonus o salario variable no tiene que ser específicamente dinerario, sino que pueden establecerse ciertos beneficios retributivos o con descuento, como por ejemplo, la entrega de acciones de la compañía, la disposición de un vehículo corporativo, la reducción de jornada o el trabajo desde casa, seguros, beneficios para la familia y similares que deriven en un ahorro de algunos de los gastos que realice el profesional.

Problemática del bonus

El principal hándicap de este sistema es que los profesionales luchan entre sí para lograr la mejor marca, lo que puede ir en el medio y largo plazo en detrimento en el número de horas en el trabajo o de la minoración del bienestar laboral, al hacer de la competencia el principal objetivo, y que además derive en una escalada de zancadillas entre compañeros.

Además, debe hacerse frente a las posibles desigualdades entre compañeros y en el rendimiento, prestando especial atención a la necesidad de poner este sistema en determinados trabajos.