Hablamos de category killer (“asesino de categorías” en su traducción del inglés) para referirnos a las superficies comerciales, generalmente de gran tamaño, especializadas en una categoría de producto de la que ofrecen una amplísima variedad a precios muy atractivos.

Los category killers nacen en Norteamérica durante los años ochenta obteniendo un éxito tan abrumador que impelería a muchos de sus competidores a abandonar el negocio. Los primeros ejemplos en España encuentran en la jardinería y el bricolaje su mejor expresión, aunque las categorías pueden ser de lo más variado: música, juguetes, deportes, muebles, etc.

A continuación señalaremos algunas de las características esenciales que definen el funcionamiento y la estrategia comercial de estos hipermercados:

  • Amplia oferta: dentro de la categoría escogida, el category killer trata de ofrecer el máximo surtido posible de productos. El cliente reconoce esta variedad en la oferta, que le permite comparar, descubrir novedades y adquirir aquellos ítems que más se ajusten a sus necesidades.
  • Asesoramiento: normalmente el personal cuenta con una formación específica que les permite atender a las demandas del consumidor, resolviendo dudas y ofreciendo soluciones.
  • Servicios añadidos: a menudo estas grandes superficies incluyen toda una serie de prestaciones al cliente que éste percibe como un valor añadido: envío a domicilio, instalación y montaje, tarjetas de fidelización, servicios post-venta, horario comercial flexible, etc.
  • Ubicación: muchos de estos establecimientos optan por instalarse en las afueras de las grandes áreas urbanas, bien conectadas con la metrópolis y las ciudades dormitorio de la periferia. Así favorecen el máximo tráfico de clientes, ofreciendo mayor comodidad en el acceso, aparcamiento, carga de productos, etc. Esto es así principalmente en categorías como el bricolaje, los muebles o la jardinería.
  • Precios bajos: gracias a su amplio poder de negociación, el category killer ofrece unos precios tan competitivos que, sumados a todo lo anterior, hacen que sea casi imposible que el cliente salga del establecimiento sin haber comprado nada.