El daño emergente se refiere al daño o pérdida sufrida por un acreedor. Ocurre cuando se incumple un contrato, cuando se destruye o deteriora un bien, o cuando se lesiona una persona, entre otros casos.

El daño emergente es real y verificable, corresponde al valor o precio del bien o cosa que ha sufrido el daño o perjuicio. La indemnización que se puede solicitar en este caso corresponde al precio del bien afectado o destruido.

Ejemplo de daño emergente

Suponga que una persona en un ataque de rabia destruye el vehículo de un taxista. En este caso el daño emergente es el valor o precio del taxi. Quien le destruyó el taxi tendrá que indemnizarlo por el valor del vehículo, o por el monto de su reparación, si esta es posible.

Cabe destacar que en este caso la indemnización comprende únicamente el monto necesario para volver el bien dañado al estado anterior a la ocurrencia del hecho que causó el daño. En ningún caso incluye algún monto o compensación adicional por los perjuicios relacionados con no poder utilizar el bien o dejar de obtener alguna utilidad del él.

Cuantificación del daño emergente

Para poder determinar el monto del daño emergente y su correspondiente indemnización se debe contar con evidencia acerca del valor del daño y los costos de reparación.

La jurisprudencia en estos casos señala que sólo serán indemnizables los “gastos razonables” y que el perjudicado no puede aprovechar la situación para incurrir en mejoras o gastos excesivos sobre el bien o patrimonio dañado. Así por ejemplo, el taxista que vio su Toyota destruido sólo puede solicitar una compensación por el valor de su vehículo pero no puede aspirar a que ahora le den un Tesla.

La indemnización solicitada debe estar justificada con la documentación correspondiente de gastos, boletas y facturas, y tienen que estar conectados causalmente con el hecho dañoso.