La declaración de la renta o del IRPF (Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas) es un tributo que tenemos que pagar todos los ciudadanos a la Agencia Tributaria, en relación con los ingresos que hemos obtenido durante un año.

Estas sumas de dinero pueden proceder de cuenta ajena -cuando somos asalariados de una empresa- o por cuenta propia -cuando somos trabajadores autónomos o hemos formado nuestra propia organización-; también pueden venir de plusvalías relacionadas con el patrimonio (por ejemplo, cuando vendemos una vivienda), de prestaciones públicas -cuando cobramos el desempleo o cuando nos jubilamos-, por rentas del capital… como se puede observar, la procedencia de los ingresos por los que tenemos que declarar resulta muy diversa.

El IRPF grava todos estos ingresos aplicando un porcentaje de forma progresiva a la renta, que es lo que se conoce como cuota íntegra; después, se restan una serie de deducciones por ciertos conceptos, como vivir con hijos menores de 25 años o con padres o abuelos mayores de 65, haber realizado una inversión o mejora en la vivienda habitual, o haber alquilado un piso. Este importe, una vez aplicadas las deducciones correspondientes, refleja la cuota líquida, que será el importe final que pagamos en concepto de IRPF.

Cuota íntegra – deducciones = cuota líquida

Tanto la empresa en la que trabajamos como la entidad financiera en la que tenemos nuestra cuenta bancaria nos descuentan parte del dinero que ganamos para dárselo a Hacienda. Así, la primera nos rebaja de nuestra nómina el porcentaje mensual destinado a IRPF o la segunda nos resta la cantidad oportuna cuando recibimos, por ejemplo, las plusvalías de inversiones en la Bolsa o los intereses de un depósito bancario. Como resultado, y con el objeto de regularizar todos estos conceptos y partidas económicas, nace la declaración de la renta.

¿Quién está obligado a declarar?

En principio, todos los contribuyentes están obligados a declarar pero, a la hora de la verdad, existen unas cuantas excepciones que nos pueden eximir de tener que pagar a Hacienda. Todo depende de la cuantía de los ingresos, las deducciones y su procedencia.

Con carácter general, los contribuyentes que hayan percibido rentas inferiores a los 22.000 euros brutos anuales de un solo pagador estarán exentos de tributar (véase la diferencia entre bruto y neto). Es decir, podrán declarar si desean hacerlo pero no están obligados.

Sin embargo, existen excepciones a esta regla general, empezando por los trabajadores con más de un pagador. En este caso, la suma de las cantidades percibidas del segundo y siguientes no podrá superar los 1.500 euros, es decir, la práctica totalidad de los pluriempleados deberá cumplir con Hacienda. Si se supera esa cifra, los ingresos totales por el rendimiento de trabajo deberán ser inferiores a los 11.200 euros.

Por ejemplo, una persona que haya cambiado de empresa pero que no supere la renta de 22.000 euros estará casi con total seguridad obligada a declarar si ha cobrado más de 1.500 euros de la segunda compañía y ha percibido más de 11.200 euros en todo el ejercicio.

Otro caso más concreto: Arturo ha cobrado 18.700 euros, de los cuales 11.500 son de un primer trabajo, 3.200 del paro y 4.000 de una nueva empresa. ¿Está obligado a declarar el IRPF? Sí, porque los ingresos del segundo y posterior pagadores (el paro más el nuevo trabajo) superan los 1.500 euros en su conjunto y el total de las ganancias excede de 11.200 euros. Y es que a efectos de la declaración de la renta, el paro cuenta como un segundo pagador, al igual que la Seguridad Social en caso de baja laboral.

Hacienda también tiene en cuenta el dinero de las inversiones, lo que técnicamente se consideran rendimientos del capital mobiliario y ganancias patrimoniales, incluyendo estas últimas premios en concursos, juegos online, poker o reembolso de fondos de inversión, entre otras.

Finalmente, si eres un trabajador autónomo, estarás obligado a presentar la declaración de la renta si los ingresos de tu actividad económica superan los 1.000 euros.

Errores más comunes en el borrador

La Agencia Tributaria puede equivocarse al confeccionar los modelos de la declaración de la renta. A continuación, mostramos los dos fallos más frecuentes:

1. Errores relacionados con la tributación de la vivienda: uno de los más usuales es el cálculo incorrecto de la deducción de una vivienda adquirida antes de 2006, aunque también es bastante frecuente no aplicar las desgravaciones de vivienda habitual correspondientes si el banco que concede la hipoteca no tiene constancia de que este préstamo es, precisamente, para una residencia habitual o primera vivienda.

El préstamo hipotecario también puede interferir en la correcta elaboración del borrador si se ha producido un cambio de entidad bancaria o si se negocia uno nuevo. En el supuesto de que la vivienda haya sido comprada por una pareja y ambos cónyuges estén haciendo frente a partes iguales al préstamo hipotecario pero sólo uno de ellos figure en el catastro, lo más normal es que la Agencia Tributaria calcule las desgravaciones incorrectamente. Además, si es la primera vivienda habitual que la pareja adquiere, los gastos derivados de la compra –seguros vinculados, notaría, registro, impuestos, etc.- también son deducibles, y aquí Hacienda puede equivocarse si no le constan estos desembolsos económicos.

2. Fallos relacionados con los matrimonios y las separaciones: este tipo de situaciones dan pie a importantes deducciones, como la que se obtiene por el importe de las pensiones compensatorias al ex cónyuge y de las anualidades por alimentos a los hijos comunes o por el pago de la vivienda habitual del ex cónyuge. Por tanto, habrá que tener especial cuidado con este apartado.

Si has recibido tu borrador de la declaración de la renta y te has dado cuenta de que está mal confeccionado, tendrás que modificarlo para hacer constar los rendimientos de tributación que realmente te corresponden. Puedes hacerlo a través de Internet, en la página web de la Agencia Tributaria, o acudiendo en persona a una oficina de Hacienda, para lo que tendrás que pedir cita previa. Asimismo, es posible que el personal de la Agencia te pida que justifiques los cambios que hagas en tu borrador, para lo que tendrás que presentar la documentación necesaria.