La deuda soberana es la deuda que mantiene un país frente a sus acreedores. Es, por tanto, la deuda pública que el Estado contrae con la finalidad de financiarse. Este proceso lo realiza a través de la emisión de títulos de renta fija en los mercados financieros.

La deuda pública es la obligación que tiene el Estado por los préstamos totales acumulados que ha recibido o por los que es responsable, expresándose a través del valor monetario total de los bonos y obligaciones que se encuentran en manos del público.

Función de la deuda soberana en los mercados financieros

El Estado necesita financiación para llevar a cabo sus políticas sociales y de bienestar, sus políticas económicas y todo el conjunto de actividades con el objetivo de distribuir de forma justa la riqueza del país.

La deuda pública puede afectar, de una manera más o menos directa, a variables económicas de las que depende básicamente el funcionamiento real de la economía, tales como la oferta monetaria, el tipo de interés, el ahorro y sus formas de canalización, bien sea nacional o extranjero, e intermunicipal.

Si bien es cierto que, en algunos casos, como los países europeos, la gestión de la política monetaria recae en el Banco Central Europeo, eximiendo de esta responsabilidad a los Bancos Centrales de cada país.

Respecto a esta función, existen muchas críticas por parte de grandes economistas debido a que el país en cuestión pierde una función primordial como herramienta de gestión ante posibles crisis financieras, dado que no puede modificar sus tipos de interés y su moneda con la finalidad de ser más competitivo frente al exterior, equilibrando y aumentando su balanza comercial, y por tanto, su producto interior bruto.

Deuda como activo libre de riesgo

La deuda soberana más estable a nivel mundial se conoce como el activo sin riesgo, y se calcula como diferencial respecto a otros países, con el objetivo de medir la prima de riesgo de un país ante una situación de quiebra o default. La deuda soberana por excelencia con menos riesgo, son los bonos a 10 años, ya que se considera un período amplio dónde los tipos de interés tienden a ser más estables. Podemos destacar, por tanto, a la deuda americana conocida como T- Notes o a la deuda alemana a 10 años conocida como el Bund.

Deuda soberana en carteras de inversión

La deuda soberana es un activo muy presente en las carteras de inversión y sirve de réplica para muchos activos subyacentes. Principalmente, son las agencias de valoración o de rating, las encargadas de valorar la calidad crediticia de ésta, entre las más importantes podemos destacar a S&P, Fitch y Moodys. Existe una crítica respecto a las agencias de calificación crediticia, que es su ausencia de independencia, dado que existen conflictos de intereses entre las compañías que las pagan, con la finalidad de obtener reputación en el mercado para incrementar su valor y, por tanto, su poder de financiación y sus beneficios.

Deuda soberana mundial

Si analizamos la deuda pública respecto al PIB de las 30 potencias económicas del mundo, observamos los siguiente:

La deuda pública de Estados Unidos, el mayor productor económico mundial, alcanza el 108,1% del valor de su Producto Interior Bruto (PIB), tal y como se deriva de las estimaciones más recientes del Fondo Monetario Internacional (FMI).

En segundo lugar, la deuda pública de la segunda superpotencia económica del mundo, China, representa tan sólo el 21,3% de su PIB, siendo este valor, por lo tanto, hasta cinco veces inferior, en términos relativos, al de EE.UU.

No sólo eso; la deuda pública de China sobre el nivel de su producción es once veces inferior a la de Japón (245,4%).

No en vano, el país nipón lidera el ranking mundial de deuda pública, por delante de EE.UU., que ocupa la 11º posición, y China, la 145ª.

Pero en el cuarto, quinto y sexto puesto de la clasificación mundial por producción, Alemania, Francia y Reino Unido, todos ellos, países representantes de la economía europea, presentan unas cifras de deuda pública sobre el PIB del 80,4%, 92,7% y 93,6%, respectivamente.

Dichos niveles se encuentran por encima de los de Brasil (67,2%), que a su vez también rebasa con creces el reducido ratio de deuda pública sobre el PIB de Rusia (10,4%).