El objetivo básico de una empresa es la creación de valor para sus accionistas, maximizando el valor de los fondos propios de la empresa en el mercado a largo plazo. Por lo tanto la creación de riqueza como potencial generadora de rentas es un objetivo irrevocable.

Esta definición, viene respaldada por el concepto de beneficio económico frente al contable. Dicho beneficio contable viene definido como la diferencia entre ingresos y gastos de un periodo, mientras que el beneficio económico se establece mediante la diferencia entre el valor económico de los fondos propios entre dos periodos.

Podemos entonces definir ambos beneficios:

  • Beneficio económico = Fondos Propios (periodo X) – Fondos Propios (periodo X-1)
  • Beneficio contable = Ingresos gastos

Es normal, que en las empresas surjan conflictos de objetivos. De hecho, para maximizar a largo plazo la riqueza de los accionistas el primer conflicto se produce con los objetivos de los directivos de la propia empresa. El mayor problema, que citamos a continuación es el más común a la hora de alinear los objetivos económicos (accionistas) y contables (directivos).

Los grupos de interés

Los grupos de interés – formados por proveedores, la sociedad, gobierno, acreedores, clientes, propietarios, gerentes, empleados, sindicatos…- tienen diferentes objetivos frente a los accionistas. En este punto, cabe destacar a los directivos, quienes tienen un gran poder de decisión frente a los accionistas por su mayor contacto con la realidad empresarial.

En muchas empresas se produce el fenómeno de la separación entre dirección (beneficio contable -Directivos-) y propiedad (beneficio económico -Accionistas-). Esto se traduce en una diversidad de opiniones y búsqueda de distintos intereses.

La teoría de la agencia

La teoría de la agencia, contempla estos problemas. De esta teoría podemos comprender como los intereses de los directivos tienen componentes monetarios y no monetarios, pero su objetivo primordial es el crecimiento de la empresa que, en consecuencia les llevará a mayores retribuciones o posibilidades de poder. El conflicto en este caso, es que el crecimiento puede ser creando o destruyendo valor para el accionista.

En definitiva, la solución a este problema viene de la mano de un mayor control de la dirección por parte de los accionistas mediante medidas de control interno (mayor supervisión directa e incentivos salariales) y externas (la primera, mediante ofertas públicas de adquisición (OPA), si los directivos no crean valor podrían forzar a inversores externos a comprar la empresa y reemplazar la dirección y la segunda, el mercado de capitales hace converger los beneficios de ambos).