La principal diferencia entre las tarjetas de débito y de crédito se basa en que las primeras siempre están asociadas al saldo que el cliente tenga en la cuenta corriente, mientras que las de crédito permiten operar con dinero prestado por la entidad financiera.

Cuando se saca dinero de un cajero con una tarjeta de débito o se realiza algún pago con ella, el importe de la operación es descontado automáticamente del saldo de la cuenta asociada; de hecho, si no se tiene saldo suficiente para realizar la operación, ésta será denegada.

En cambio, cuando se utiliza la tarjeta de crédito, el banco es el que está prestando el dinero, el cual se tendrá que devolver al mes siguiente o en varios plazos pagando un interés por el mismo. En este caso, la entidad financiera adelanta el dinero independientemente del saldo que se tenga en la cuenta (por esta razón, antes de conceder una tarjeta de crédito, el banco estudia la viabilidad del cliente, asegurándose de que sea solvente). Aún así, la tarjeta de crédito tiene un límite.

El crédito puede “devolverse” de tres formas:

  • A fin de mes (un día establecido del mes siguiente al que se efectúa la compra).
  • Mediante un porcentaje (que todos los meses desembolsaremos).
  • Cuota fija (esta modalidad se conoce con el nombre de revolving, y consiste en pagar una cifra fija establecida).

Las tarjetas de crédito se definen como un instrumento financiero: permiten pagar a plazos y hacer las compras sin necesidad de desembolsar el total del pago. Por el contrario, las de débito son un medio de pago en sí mismo: el importe se carga directamente en la cuenta del titular y se descuenta directamente del saldo.

Diferencias en comisiones y descuentos en las distintas tarjetas

Otra diferencia entre ambos tipos de tarjeta reside en las comisiones que se pagan por cada una de ellas. Dependiendo de cada banco, suelen cobrar una comisión anual por cada tipo de tarjeta, siendo normalmente la comisión de las tarjetas de débito más económica que en el caso de las de crédito; no obstante, este dato de las comisiones resulta interesante a la hora de elegir el banco donde se quiere contratar la cuenta corriente y las tarjetas

También existen diferencias cuando se quiere sacar dinero en los cajeros. Si se utiliza la tarjeta de débito en un cajero de la propia entidad financiera, normalmente no se tendrá que pagar ningún tipo de comisión. En cambio, si se saca dinero con la tarjeta de crédito, la entidad financiera cobrará intereses cuando se pague el saldo de la tarjeta; éstos dependen de cada tipo de tarjeta y de cada banco, pero suelen ser bastante elevados (alrededor de un 20 % anual). Por tanto, y según señalan los expertos, “nunca se debe utilizar la tarjeta de crédito para sacar dinero de un cajero, a no ser que sea una fuerza de causa mayor y no se tenga saldo en la cuenta”.

A la hora de realizar compras, existen tarjetas de crédito que ofrecen descuentos en algunos establecimientos, lo cual siempre puede ser interesante. Las tarjetas de débito, en cambio, no suelen tener asociado ningún tipo de descuento.

Finalmente, si se emplea la tarjeta de débito de forma irresponsable, el titular se puede quedar sin dinero en la cuenta, pero no puede gastar más de lo que tiene. Sin embargo, una mala utilización de las tarjetas de crédito puede conducir a un severo endeudamiento.