La economía sumergida es el volumen de dinero negro que circula en un país, es decir, el conjunto de transacciones monetarias no declaradas de forma correspondiente a las autoridades fiscales o monetarias competentes.

Normalmente la economía sumergida suele traer graves consecuencias para los estados, ya que reduce la recaudación tributaria y dificulta la lucha contra actividades económicas ilícitas.

La economía legal de un país se mide por el PIB, que es lo que produce un país en un año. La economía sumergida no entra dentro de ese cálculo, ya que es una economía ilegal que no ha sido declarada y por lo tanto, no está contabilizada de forma oficial por el Gobierno.

Este tipo de economía es especialmente peligrosa para los países ya que impide a los estados recaudar de forma justa y proporcional con respecto a su PIB real, por lo cual en ocasiones las autoridades buscan resolver este problema aumentando la presión fiscal sobre la economía no sumergida. Sin embargo, las medidas de este tipo suelen conseguir el efecto contrario, ya que una presión fiscal excesiva fomenta el crecimiento de la economía sumergida y se crea así un círculo vicioso donde las subidas de impuestos van reduciendo progresivamente la recaudación.

La existencia de economías sumergidas de gran tamaño con respecto al PIB suele evidenciar el atraso de un estado en materia fiscal. Constituye uno de los principales problemas de los países subdesarrollados, ya que sus recursos tributarios se ven reducidos y en ocasiones éstos deben recurrir a soluciones como el endeudamiento con acreedores extranjeros, cuando podrían recurrir a los ingresos de su país si éstos se declararán legalmente. En cambio, el dinero de la economía sumergida en vez de ir a parar al Gobierno y a los ciudadanos, va a parar a las manos de las personas que lo generan de manera ilegal, las cuales acaban siendo muy poderosas, lo que les motiva para seguir realizando actividades ilegales.

El problema del endeudamiento excesivo pone en duda la capacidad del estado para hacer frente a sus deudas en el futuro, motivo por el cual en numerosas ocasiones los grandes préstamos a países subdesarrollados han venido condicionados a la aplicación de planes contra la economía sumergida.