Una entidad financiera es cualquier entidad o agrupación que tiene como objetivo y fin ofrecer servicios de carácter financiero y que van desde la simple intermediación y asesoramiento al mercado de los seguros o créditos bancarios.

Se dice que para serlo realmente una entidad bancaria debe situar su labor en los sistemas financieros dentro del área de seguros, en el área de valores o en banca. De este modo, este tipo de corporaciones se encargan de intermediar en la mayoría de las gestiones de fondos procedentes de los ámbitos públicos y privados.

En el nivel más elemental de su definición, podríamos señalar que las entidades financieras en su naturaleza son empresas que se ocupan de prestar diversos servicios financieros a un gran número de individuos o agrupaciones. Estos servicios como ya se ha indicado tienen ejemplos de la vida cotidiana como la concesión de préstamos o créditos, la gestión de los ahorros de las familias o el aseguramiento de bienes.

A través de la correspondiente regulación y normativa, pueden clasificarse las entidades financieras dependiendo del servicio ofrecido en:

El gran volumen de recursos económicos que pasan por las manos de este tipo de entidades se conforman por multitud y variedad de transacciones económicas, cuentas de ahorro e inversión, coberturas de seguros y un gran número de modalidades financieras que hacen que su gestión y control se antoje como de elevado nivel profesional y técnico. Es tan grande su importancia y expansión a nivel global que son necesarias restricciones y legislaciones para su control y vigilancia. De todas las instituciones encargadas de su supervisión destaca el Sistema de Cuentas Nacionales establecido por las Naciones Unidas y aplicado por la Unión Europea, por ejemplo.

Desde el control que se ejerce sobre ellas y dada su alta relevancia, a este tipo de entidades se le suele exigir un alto grado de información, solvencia y transparencia de cara a sus clientes, sus competidores y su marco regulatorio.