La euforia compradora es el sentimiento que se genera en los inversores tras el cúmulo de buenas noticias económicas a nivel microeconomico y macroeconomico. Los inversores sienten la seguridad de que el mercado va a subir y de que las condiciones económicas van a mejorar. El sentimiento se ve en la calle, la gente consume, gasta y los negocios funcionan bien. 

La expansión en el crédito es visible, los sectores más importantes de la economía crecen, impulsan el desarrollo y la inversión, la tasa de paro decrece y se genera empleo gracias a un crecimiento sostenible del Producto Interior Bruto del país. Este clima tan positivo ejerce un efecto de contagio en los consumidores como si fuera uan especie de euforia compradora.

La euforia compradora alienta al empresario a establecer nuevos negocios y atrae capital e inversión extranjera directa, por tanto, todas las variables confluyen de forma positiva. Como todo efecto positivo, viene otra senda negativa tras él que dependerá de la capacidad de una economía de mantener el nivel de gasto y de consumo, además de su habilidad exportadora.

La euforia compradora: Efectos negativos si no se controla

La euforia compradora es un estado de situación ideal para cualquier país pero hay que tener en cuenta que puede generar una inflación importante si no se sabe controlar. Este efecto puede traer consigo efectos negativos para la economía, por ello, los grandes Bancos Centrales del mundo tienen objetivos de política monetaria basados en la estabilidad de precios y en la generación de empleo debido a que son dos de las variables más importantes que determinan el buen funcionamiento de una economía.

Las grandes crisis financieras del pasado han demostrado que los riesgos financieros tienen que ser controlados a todos los niveles, entre ellos, la expansión del crédito sin control que puede provocar, precisamente, un nivel incontrolable de euforia compradora sin fomentar el ahorro.

Debemos tener en cuenta que el ahorro en cierta medida es imprescindible para la supervivencia de las familias y para la conciencia de las personas debido a que no puede existir siempre una senda de consumo inusitada que induzca al uso de tarjetas de crédito que se conviertan en una deuda insostenible que pueda crear una burbuja y una crisis de liquidez. Por tanto, el modelo cultural orientado a la economía debe estar orientado a un equilibrio entre el consumo y el ahorro de las personas que permitan generan un alto grado de conciencia, madurez y responsabilidad en las personas.