Un finiquito es un documento laboral con carácter legal y vinculante utilizado para dar por terminada y zanjada una relación profesional entre empleado y empresa, sea cual sea la razón. En este documento, todo tipo de vinculación entre ambas partes debe de estar bien especificada, ya que el mismo tiene que dejar bien claro el trabajo realizado por el empleado saliente y debe asimismo, contener la información fundamental para que el nexo laboral quede correctamente sellado.

Cuando en el finiquito quedan estampadas tanto la rúbrica del empleado como la de la empresa, ésta última queda exenta de abonar ninguna otra cantidad al trabajador, mientras que éste deja automáticamente de estar a las órdenes de la empresa.

Las partes de las que debe de constar un finiquito correcto son: la propuesta de liquidación del empresario, bien sea por motivo de la extinción de su contrato o por despido o cese de mutuo acuerdo. La propuesta a su vez, tiene que estar compuesta por: una identificación de las partes, por todos los conceptos de devengos del trabajador, por las deducciones o retenciones de dinero y finalmente por la liquidación o monto positivo a cobrar y las correspondientes firmas.

El concepto de finiquito debe de ir íntimamente ligado con el de ‘indemnización por despido’, que será el pago percibido por el trabajador al dar por terminada la relación laboral, siempre en función de los años laborados.

En este sentido, cuando el empleado declara haber sido objeto de un ‘despido laboral improcedente’, normalmente puede exigir una indemnización extra por este despido, dependiendo de su contrato laboral.

En España, por ejemplo, para los contratos firmados después de febrero de 2012, el importe a pagar debe de ser de 33 días de salario por año de servicio trabajado, hasta un máximo de 24 mensualidades. Por otro lado, para los contratos firmados antes de febrero de 2012 corresponden 45 días de salario por año trabajado y el importe no podrá exceder los 720 días de salario.