El Flujo de caja del capital, también conocido como capital cash flow, es aquella cantidad que una empresa en particular genera en un periodo de tiempo determinado (al que se le llama ejercicio) y que es destinado al pago de sus acreedores y a los propietarios de acciones.

Mediante la creación del flujo de caja del capital, las compañías mercantiles se encargan de pagar a aquellos individuos o sociedades que participan en su vida económica en el papel de dueños o inversores o poseedores de deuda.

Durante un ejercicio la empresa ha afrontado sus correspondientes obligaciones y finalmente ha conseguido reunir una cantidad de dinero que puede destinar a sus accionistas y acreedores, que participan vitalmente en la existencia de la misma y a cambio optan a este tipo de reembolsos, ya sea en contraprestación a su cuota de propiedad de la compañía (es decir, inversión en esta) o por haber intervenido mediante fondos o algún tipo de préstamo.

Cuando hablamos de pagos dirigidos a accionistas de la empresa, hablamos de cantidades de dinero que salen de la empresa hacia los mismos tras haber cumplido con las correspondientes obligaciones de la compañía y otros gastos propios de su actividad (compras, financiación…). En cuanto a los pagos a acreedores, las cantidades salientes se dirigen a satisfacer compromisos previos y sus intereses relacionados.

Por lo tanto, estaríamos hablando de un conjunto de pagos efectuados a todo accionista y todo acreedor a la finalización de un ejercicio económico. En ese sentido, podría considerarse el capital cash flow como una modalidad del flujo de caja en su modalidad financiera, dada la definición de dicho tipo.

La principal diferencia entre el capital cash flow entre accionistas y acreedores es que a los primeros se les envían rendimientos a raíz de una inversión previa, como se ha indicado anteriormente, y a los acreedores sí que se les va devolviendo periódicamente sus fondos junto a una determinada cantidad derivada de los intereses de este tipo de deudas.