Tradicionalmente, el socialismo es una doctrina que exige la sustitución de la propiedad privada por la colectiva en los medios de producción, cambio y distribución; del mismo modo, pide la distribución igualitaria de la riqueza y la eliminación de las clases sociales. En la actualidad, el socialismo se identifica con posturas ideológicas que aceptan el libre mercado en lo económico, aunque con una significativa intervención del Estado para corregir diferencias sociales.

Los antecedentes del socialismo son tan antiguos como la propia Historia de la Humanidad, pero el término “socialismo” fue acuñado a principios del siglo XIX. De hecho, en las aportaciones de los socialistas utópicos y, sobre todo, en los escritos de Karl Marx (1818-1883) y Friedrich Engels (1820-1895) se hallan los antecedentes más inmediatos del socialismo moderno.

Primeras críticas al capitalismo

Con los socialistas utópicos o pre-marxistas aparecieron las primeras críticas radicales al capitalismo, principalmente dirigidas a las bases de un sistema que consideraban causante de la miseria en que se hallaban sumidas grandes masas de la población. Estos llamamientos por parte de los primeros socialistas tenían procedencias y orientaciones bien distintas; sin embargo, había en todos ellos una idea central común: hacer desaparecer los motivos que determinaban que unos hombres explotaran a otros.

Robert Owen (1771-1858) fue la figura más destacada del primer socialismo inglés, quien propugnaba la creación de ciudades de tipo cooperativo; por su parte, los socialistas ricardianos esbozaron las teorías de la explotación y la plusvalía, argumentando que el sistema de salarios privaba al trabajador de una parte del producto de su labor.

Asimismo, el socialismo francés tuvo una gran influencia durante todo el siglo XIX. Henri de Saint-Simón (1760-1825) trató de instaurar una nueva ética social que regulara las relaciones entre ricos y pobres. De forma paralela, Charles Fourier (1772-1837) se propuso reorganizar la sociedad de tal modo que llegara a la armonía por medio de la formación de asociaciones cooperativas; y, finalmente, Joseph Proudhon (1809-1865) fue el primer reformador social que se dio a sí mismo el nombre de anarquista: fue defensor de la teoría del valor-trabajo y expuso una reforma del sistema monetario que acabara con la escasez de crédito.

Marx y Engels

Tanto para Marx como para Engels, el socialismo es un estadio intermedio entre el capitalismo y el comunismo, un tipo de formación que sucederá al capitalismo, del mismo modo que éste sucedió al feudalismo. Según la interpretación marxista, el capitalismo será derrotado y el socialismo surgirá como consecuencia de la lucha de clases y las consiguientes revoluciones proletarias que las contradicciones internas del propio sistema capitalista genera.

Es más, para ambos autores, el fin del socialismo es satisfacer las necesidades materiales y culturales de toda la sociedad y de cada uno de sus miembros, atendiendo al desarrollo de manera planificada de la economía nacional e incrementando la productividad del trabajo social.

Bajo esta perspectiva, la economía socialista se apoya en la propiedad estatal, que pertenece al pueblo a través del Estado, y en la propiedad cooperativa, que define la que corresponde a un conjunto de grupos, a una colectividad. Es decir, la primera comprende las empresas del Estado relacionadas con la industria, el transporte, las comunicaciones, la agricultura y el comercio; mientras, el sector cooperativo se compone de las formaciones de consumo.