La ilusión monetaria es el efecto que se produce cuando un agente actúa guiado por variables nominales, sin tener en cuenta las variables reales.

La ilusión monetaria está muy relacionada con la inflación. Cuando un agente percibe el aumento nominal de sus rentas pero no el aumento de los precios, puede pensar que se halla en una situación económica mejor. Si los precios han aumentado en mayor medida que las rentas nominales, el agente se habrá empobrecido en términos reales. Por lo tanto, habrá perdido poder adquisitivo y realmente se hallará en una situación peor.

Al actuar guiados exclusivamente por las magnitudes expresadas en términos monetarios nominales, los agentes tomarán decisiones incorrectas de consumo, inversión y ahorro.

La ilusión monetaria depende también de las expectativas. Si un agente espera niveles bajos de inflación y sus rentas aumentan mucho, pensará que se está enriqueciendo. Pero si las expectativas son incorrectas y la inflación es superior al aumento de sus rentas, sufrirá de ilusión monetaria.

Ejemplos de ilusión monetaria

La ilusión monetaria se aprecia especialmente bien al comparar salarios e inflación. Imaginemos un trabajador que gana €1.000 por mes. Si se produce un aumento de sueldo de un 10%, hasta €1.100, el trabajador pensará que su situación ha mejorado. Sin embargo, si la inflación es al mismo tiempo mayor al 10%, esos €1.100 tendrán menos poder adquisitivo que los €1.000 anteriores a la inflación. Si el trabajador sufre de ilusión monetaria, pensará que se halla en una mejor posición económica y modificará su comportamiento en consecuencia.

Del mismo modo la ilusión monetaria también se puede dar en los ahorradores. Un ahorrador que vea aumentados los rendimientos de sus ahorros puede pensar que su situación ha mejorado. Pero si el aumento de los rendimientos es menor que la inflación, su situación real habrá empeorado. Por lo tanto, estará sufriendo de ilusión monetaria. Tanto el trabajador como el ahorrador pueden cambiar su comportamiento debido a que se perciben en una mejor situación. El trabajador puede decidir consumir más y el ahorrador invertir más. Pero al estar guiándose por una percepción equivocada, sus decisiones tenderán a ser incorrectas.