Un impuesto regresivo es aquel que recauda un menor porcentaje de los ingresos en la medida que la persona gana más. Asimismo, representa una mayor carga para los individuos de bajo estatus socioeconómico. Es lo contrario al impuesto progresivo.

En otras palabras, los impuestos regresivos son aquellos que afectan relativamente más a los pobres que a los ricos. Por lo tanto, no tienen un efecto de redistribución de la riqueza. Por el contrario, si son muy altos pueden acentuar la desigualdad en una sociedad.

Ejemplo de impuesto regresivo

Un ejemplo clásico que puede considerarse como impuesto regresivo es el Impuesto al Valor Añadido (IVA), que es un porcentaje de las ventas, es decir, grava el consumo.

Para entender por qué este tributo es regresivo debemos tomar en cuenta que los ciudadanos que ganan menos están obligados a gastar una mayor parte de su sueldo, principalmente en bienes de primer necesidad como alimentos. Es decir, sus ahorros son menores o inexistentes.

En consecuencia, el IVA que pagan estos individuos también equivale a un porcentaje más alto de sus ingresos.

Para procurar la equidad del sistema de recaudación, los gobiernos se ven obligados a no incluir únicamente tributos regresivos. Por ello existe, por ejemplo, el impuesto a las sociedades que se calcula directamente sobre las utilidades de la empresa.

Caso práctico de impuesto regresivo

Veamos el siguiente caso práctico para entender mejor por qué un impuesto como el IVA es regresivo. Por un lado, supongamos que un trabajador gana US$ 3.000 al mes. Asimismo, gasta el 70% de su sueldo sobre el cual se grava un 18% de IVA, que calculado como porcentaje de su remuneración sería equivalente a:

0,70*’0,18=0,126=12,6%

Por otro lado, tenemos un ciudadano que recibe US$ 1.500 al mes y gasta el 90% de ese monto. Si la tasa de IVA es la misma, este impuesto expresado como porcentaje de su sueldo sería igual a:

0,9*0,18=0,162=16,2%

Como puede observarse, en el segundo caso, la carga es relativamente mayor para el contribuyente.