Los impuestos directos gravan de manera directa los ingresos de los ciudadanos. En otras palabras, los impuestos directos recaen sobre cada persona con nombre y apellidos, es decir, el ciudadano que deberá pagar el impuesto está claramente identificado. Además, por este hecho, el momento del devengo también está determinado e identificado.

Al gravar directamente a la persona los impuestos directos pueden tener carácter progresivo, para que quien más dinero tenga, más pague, sirviendo así para redistribuir la riqueza. Y es que al gravar directamente la manifestación del capital, se pueden articular para que quienes más tienen, más paguen también, algo que no se puede hacer de manera directa con los impuestos indirectos, como el IVA, donde todos pagan lo mismo en términos porcentuales, paga más quien más consume. Esto es porque los impuestos directos gravan a la persona, mientras que los indirectos gravan los bienes o servicios que se consumen.

Tipos de impuestos directos

Impuesto de la Renta sobre las Personas Físicas (IRPF)

Es un impuesto directo porque grava una cantidad de dinero, que varía según un ciudadano u otro, es decir, según las rentas obtenidas por cada individuo en un año determinado. La mayoría de los impuestos directos son progresivos, porque su cantidad varía en función de la renta y el patrimonio de dicha persona. Cuanto más renta y patrimonio se tiene más cantidad se paga. Además, los impuestos son difícilmente transferibles, por su condición de particularidad. Si una persona tiene que pagar su IRPF, ninguna otra persona podrá hacerlo en su lugar.

Impuesto sobre la Renta de No Residentes

Este impuesto es para aquellas rentas que se han obtenido en España por personas que no se encuentran en territorio nacional pero realizan actividades en este territorio. Un ejemplo sería el de una persona que cobra alquiler por patrimonio inmobiliario en España pero no reside en España.

Impuesto sobre Sociedades

Es como el IRPF pero aplicado a las empresas. Se aplica sobre el beneficio neto que obtienen las empresas pero es mucho menos progresivo que el IRPF.

Impuesto sobre Sucesiones o Donaciones.

Este impuesto recae sobre el dinero o bienes que se reciben de forma gratuita. La característica de este impuesto es que no se aplica a un dinero que es contraprestación de trabajo sino que ha sido cedido por alguien. Las comunidades autónomas son las que los gestionan el tipo impositivo depende mucho de la cercanía familiar de quien se hereda o de quien dona.

Impuesto sobre el Patrimonio.

Este impuesto recae sobre la posesión de un patrimonio, que se supone que representa una capacidad económica adicional para quien lo posee. Lo llaman el impuesto a los ricos  porque significan tener un patrimonio superior a 700.000 euros. Dentro de este tramo no se incluye la vivienda habitual, a no ser que supere los 300.000 euros.

Los impuestos anteriormente expuesto son los más destacados pero existen otros impuestos, que son gestionados por los gobiernos locales.