Un incentivo es un mecanismo que relaciona una recompensa o castigo a un determinado desempeño o conducta.

El objetivo de establecer un incentivo es inducir un determinado comportamiento. Se supone que el sujeto al que se le aplica actuará como un agente racional evaluando los costos y beneficios (homo economicus). Si el incentivo está bien diseñado, el sujeto considerará óptimo desarrollar la conducta  que busca el diseñador.

Así por ejemplo, si se quiere motivar a que un trabajador se esfuerce más, se puede diseñar un incentivo que premie su mayor esfuerzo. Si se trata de un vendedor, un incentivo común es hacerlo participe de las mayores ventas a través de comisiones.

Tipos de incentivos

Existen al menos cuatro tipos de incentivos:

  • Incentivos monetarios o financieros: son los utilizados más ampliamente y seguramente uno de los más efectivos. Los incentivos monetarios pueden incluir un mayor salario, pago de comisiones de ventas, precios en dinero o acciones, etc.
  • Incentivos morales: tratan de empujar a las personas a hacer lo que se supone es correcto o bueno en una determinada sociedad. Los incentivos morales son más complejos de aplicar que los monetarios ya que los valores morales varían entre distintas culturas y además es la persona el que finalmente decide si está de acuerdo o no con una determinada convención moral.
  • Incentivos naturales: se basan en la propia naturaleza humana. Así por ejemplo, las personas en general son naturalmente curiosas por lo que se les puede motivar a hacer ciertas cosas con el fin de saciar estas necesidades naturales.
  • Incentivos coercitivos: se basan en enfatizar las consecuencias negativas o castigos que tendrá no llevar a cabo una determinada conducta o comportamiento. Se trata de incentivos que se basan en lo negativo y por ende no suelen motivar internamente a los sujetos, sólo actúan por temor.