El marketing directo es el envío de comunicaciones personalizadas de forma periódica por parte de una empresa a cada uno de sus clientes.

Estas comunicaciones son dirigidas a un público preseleccionado, y nunca al azar, a través de variables atinadas con el objeto final de profundizar en la relación con el mismo. Si bien el target del Marketing Directo, tal como hemos dicho, debe de estar muy bien encarrilado, las técnicas de preparación son las mismas que en la publicidad convencional: creatividad, producción y difusión.

Dos de los pilares fundamentales para que esta estrategia de comunicación personalizada tenga éxito son, sin duda, las bases de datos y los canales de contacto empleados.

El método moderno más empleado de Marketing Directo es el E-Mailing, mediante el cual los responsables de la empresa o institución envían mensajes, que suelen ser noticias, novedades o promociones a su target definido por área geográfica, edad, sexo o hábitos de consumo.

Otro método más tradicional es el ‘buzoneo’, por el cual las empresas introducen cartas, folletos o trípticos en los buzones de las viviendas y comercios privados. Otra forma de Marketing Directo es el Telemarketing, a través del cual las compañías llaman a números de teléfono seleccionados para ofrecer sus servicios. Esta última práctica, cuando se hace reiterativa y abusiva, ha sido denunciada hasta la saciedad por las diferentes asociaciones de consumidores.

Entre las ventajas esenciales de este tipo de comunicación se encuentran la rapidez y sus bajos costes, así como la acuciosa delimitación, o al menos ese sería el ideal, de su target. Esto le confiere un mayor rango de efectividad, que el de los medios masivos.

Según marketing-xxi.com, durante el año 2013 en España, “la inversión total en Marketing Directo fue de 3701 millones de euros, lo cual representa un 62% sobre el total invertido en medios no convencionales”.