El LIFO es un criterio de valoración de existencias o inventarios. Este inventario, por su naturaleza, puede ser de productos de la empresa, las materias primas con las que trabaja o también componentes necesarios para su producción habitual.

Su propio nombre procede de la expresión inglesa “last in, first out“, que puede traducirse como “el primero en entrar, el último en salir“. De este significado también podemos deducir por lógica que los primeros que entran saldrán más tarde, dando lugar a la otra denominación del modelo, FILO.

La diferencia básica respecto al FIFO es que se da salida a las unidades que entraron en almacén en último lugar. Es decir, el orden cambia.

El LIFO es un supuesto de valoración de inventarios que establece que una compañía dará orden de salida a aquellos productos que lleven menos tiempo formando parte del inventario. Dicho en otras palabras, tratará de vender aquellas unidades que sean las más novedosas dentro de su catálogo. La parte negativa de este modelo es que, en ocasiones, hacía que muchas empresas fueran acumulando unidades de primera entrada y creando grandes stocks de productos antiguos.

A modo anecdótico, es necesario señalar que el Plan General Contable de España no admite desde su renovación en 2008 este criterio. La causa es simple: en una economía donde generalmente los precios suben, las ventas de la empresa que emplea el LIFO siguen los precios de los productos más recientes (y más caros, por supuesto) y dado el caso tendrían ventajas fiscales que provocarían menor pago de impuestos.

Esto se explica porque las piezas con menos antigüedad en el almacén suelen tener más valor, y son los costes tenidos en cuenta a la hora de ser vendidas. En un periodo de inflación, tener una base de costes mayor implica menor beneficio y por tanto, los impuestos sobre beneficios serán menores.

La principal ventaja que tiene un inventario valorado mediante criterio LIFO es que muestra una imagen más fiel y realista de la empresa, porque se venden productos que entraron en la compañía con menos antelación. No obstante la creación de posibles errores o distorsiones a la hora de llevar a cabo valoraciones de inventarios llevó a su prohibición formal.