Una moneda es dinero de curso legal emitido por las instituciones oficiales de un país, generalmente un banco central. También podemos definir moneda como aquellos instrumentos metálicos con forma de disco que sirven como forma de pago en una transacción cualquiera y al cual se refieren todos los precios.

La moneda nace en las primeras civilizaciones de comerciantes, en Asia Menor y Babilonia como forma de valorar la contraprestación que se recibida del tráfico de mercancías. Así pues, una vez que se deja de usar el trueque como forma principal de intercambio, la moneda adquiere importancia debido a que se crea un instrumento de valor con el que cuantificar los bienes y servicios.

Tanto es así, que durante la mayor parte de su Historia la moneda han sido metales preciosos puros, como puedan haber sido el oro, la plata, el bronce… creando así una forma directa de valoración de mercancías con respecto a los elementos de valoración base como son los metales preciosos. Es lo que se conoce como valor intrínseco. La moneda vale porque está compuesta de algún metal precioso, que es realmente lo que tiene valor.

Posteriormente la significación ha ido cambiando, una vez que crecían globalmente los intercambios comerciales mientras que escaseaban los metales preciosos, por lo que en el siglo XIX se introdujo una nueva forma de crear dinero, asociando monedas de otros metales sin valor propio ninguno a las reservas de oro y plata, siendo refrendada así la monea por los activos que había compuesto el dinero siempre. Por ejemplo, antes de este sistema, una moneda correspondía a cierta cantidad (gramos) de oro o plata, mientras que durante este sistema lo que se intentaba era una equivalencia entre activos, por ejemplo, que una moneda de 3 libras inglesas correspondiera a medio kilo de oro, o similar en España, donde 10 pesetas se correspondía a cierta cantidad de oro también.  Es decir, la moneda vale porque tiene una contrapartida cierta en metales preciosos.

Actualmente contamos con otro sistema de valoración de monedas, que corresponde al valor que las personas le damos a esa moneda, sin estar anclados a metales preciosos ni otras formas de valoración. Es lo que se denomina dinero fiduciario, es decir, aquella moneda que no tiene como contrapartida ningún bien preciado, sino que se basa en la confianza y buena fe que las personas (todos los agentes) depositamos en ella. Son por ejemplo, todas las monedas actuales del mundo, que tienen su valor no porque estén compuestas de metales preciosos, o nos indiquen una posesión indirecta e éstos, sino que adoptamos y damos confianza de que vale lo que realmente dice que vale, facilitando el intercambio de bienes y servicio.

Una moneda de un euro no vale realmente un euro, pues sus materiales valen menos, sin embargo nosotros le damos la categoría que vale eso, en base a la confianza y aceptación del valor indicado.