La nómina es un recibo en el que la empresa acredita el pago de las diferentes cantidades de dinero que conforman el sueldo de un trabajador.

El modelo más generalizado de nómina está constituido por tres grandes bloques: encabezamiento, devengos y deducciones.

En el primero- el encabezamiento- deben constar los datos de la empresa y del trabajador. Los de la firma son el nombre o razón social, el domicilio y el número de la Seguridad Social. Del mismo modo, los del trabajador son nombre y apellidos, número de afiliación a la Seguridad Social y, sobre todo, tres datos clave:

Categoría profesional: es uno de los elementos más determinantes para el sueldo final, ya que el salario base depende de ella.

Puesto de trabajo: indica la tarea que realiza la persona en la empresa.

Antigüedad en la empresa: influye en conceptos como los pluses de antigüedad, los ascensos, los premios o las indemnizaciones en despidos.

El segundo bloque dentro de la nómina es el de los devengos o, lo que es lo mismo, las cantidades que percibe el trabajador por diferentes conceptos.

Existen dos tipos de devengos: los que cotizan a la Seguridad Social (percepciones salariales, que incluyen el salario base y los complementos salariales) y los que están excluidos de cotización (percepciones no salariales).

En este sentido, hay que subrayar que el salario base no lo establece la empresa, sino que cada categoría profesional tiene fijado uno en cada convenio colectivo. Así pues, lo que marca la diferencia entre sueldos son los complementos salariales. Hay diferentes clasificaciones:

Personales: se derivan de las condiciones del trabajador. Entre ellos están la antigüedad, los conocimientos especiales (idiomas, titulaciones…) y todos aquellos que la empresa quiera incluir.

Por el puesto de trabajo: son pluses asociados a algunos puestos (por peligrosidad, por trabajar en horario nocturno, por una responsabilidad especial, etc.).

Por calidad/cantidad de trabajo: aquí se incluyen los incentivos por rendimiento o por objetivos conseguidos, los pluses por la puntualidad, las horas extras…

De vencimiento periódico superior al mes: bajo este concepto se engloban las pagas extras y las posibles participaciones en los beneficios anuales de la empresa.

En especie: todas las percepciones que el trabajador reciba en bienes distintos del dinero: casa, manutención, etc.

En los devengos también deben constar las percepciones de carácter asistencial y acción social de la empresa: no forman parte del salario, pero cotizan a la Seguridad Social. Aquí se incluyen todas las ayudas de la empresa al trabajador (ayuda por hijos, permisos nupciales, comedores, ayudas para la compra de viviendas, créditos…).

Finalmente, llegamos a las percepciones que no cotizan a la Seguridad Social. Las más habituales son las dietas de viaje, los gastos de locomoción, los pluses de distancia y las indemnizaciones por traslado a otro centro de trabajo. Todas ellas se consideran percepciones no salariales.

De la suma de las cantidades anteriores (salario base, complementos de todo tipo, acción social de la empresa y percepciones no salariales) se extrae la cantidad total de nuestra remuneración, que aparece como “total devengado”.

Pero ésta no es la cantidad que recibimos, ya que antes se le descuenta todo lo que hemos de pagar a cuenta del IRPF y a la Seguridad Social, es decir, las deducciones.

¿Qué estamos pagando en cada caso? En el primero, la asistencia sanitaria pública. En el segundo, las ayudas a las personas sin empleo y las acciones de formación profesional que financia el Estado.

La cifra final, por tanto, de líquido total a percibir será el resultado de restar al “total devengado” el total de las deducciones. Eso es lo que realmente ganamos.