El oferente es aquella persona o empresa que brinda un producto o servicio. Ello, con el objetivo de obtener ganancias.

La contraparte del oferente es el demandante, quien requiere el bien comercializado. Ambos lados deben ponerse de acuerdo. Así, dependiendo del poder de negociación de cada uno, se fija el precio de venta.

Cabe mencionar que en el ámbito judicial el oferente, también conocido como postor, es quien propone un negocio. A su vez, el aceptante es quien recibe la invitación y debe manifestar su consentimiento. Si así lo hace, se formaliza el contrato.

Características de un oferente

Entre las características del oferente destacan:

  • Realiza su actividad con el fin de ganar una rentabilidad.
  • Es un elemento más que compone la oferta, la misma que engloba todas las unidades del producto ofrecidas en el mercado.
  • El oferente puede ser único, ya sea por decisión del gobierno o porque los costos iniciales del negocio son muy altos. En ese caso estaremos frente a un monopolio. Si son pocos competidores, se trata de un oligopolio.
  • El éxito del oferente depende de la identificación de una demanda, ya sea de una o varias personas (naturales o jurídicas). Dicho de otro modo, siempre se debe resolver algún problema o satisfacer un necesidad en específico.
  • Los oferentes existen desde los comienzos de la humanidad. Incluso antes que apareciera  el dinero, recibían a cambio de su producto otro bien o servicio. Esto se conoce como trueque.
  • El oferente puede o no llevar a cabo todo el proceso de producción de la mercancía. Es decir, puede tratarse de un intermediario.

Teorías económicas sobre el rol de los oferentes

Existen dos teorías económicas opuestas sobre el rol de los oferentes. La Ley de Say les otorga un papel protagónico porque asegura que la oferta crea demanda. En otras palabras, mientras exista más producción de determinados bienes, habrá más personas o empresas dispuestas a adquirirlos.

Sin embargo, John Maynard Keynes Keynes cuestionó dicha idea y sostuvo que cada demanda genera su propia oferta. Según esta premisa, es la propensión de los individuos a consumir la clave en la determinación del nivel de actividad económica.