En el ámbito contable, una provisión es un pasivo que consiste en reservar una serie de recursos para hacer frente una obligación de pago prevista en el futuro.

Cuando la empresa tiene una obligación futura o cree que va a tenerla (hay una alta probabilidad de que exista), tiene que provisionar, es decir, se dota una provisión: esto quiere decir que reserva una serie de recursos en la empresa para esa obligación futura y, por tanto, no los gasta en otras cosas. Las provisiones suelen realizarse al finalizar el ejercicio (dependiendo del país, pero normalmente 31 de diciembre) y es habitual que sean por una cuantía estimada (ya que se desconoce la cantidad definitiva).

A continuación mostramos un ejemplo para entender mejor el concepto: a 31 de diciembre una empresa está como parte de un juicio del que todavía no se ha dictado sentencia. Sus abogados le han afirmado que es muy probable que lo pierda y tenga que pagar las costas judiciales. Estas costas judiciales son una obligación de pago en el futuro; por tanto, la empresa deberá dotar una provisión para asegurar el pago de esas costas judiciales, que con casi total probabilidad se producirá.

Tipos de provisión

Se pueden hacer varias clasificaciones de las provisiones. Aquí nos centramos en el tipo de gasto que se provisiona y en el plazo en que durará la provisión.

Según el tipo de gasto que se provisiona:

  • Provisión de una obligación contraída y todavía no pagada: es decir una obligación pasada. Por ejemplo: el 1 de diciembre compramos una mercancía a un proveedor y acordamos un pago a 6 meses. A 31 de diciembre realizaremos una provisión por esa deuda con ese proveedor, ya que hemos generado una obligación pero no la hemos pagado.
  • Provisión de una obligación no contraída (y por tanto, no pagada) pero previsible: es decir, una obligación futura. Por ejemplo: a 31 de diciembre sabemos que durante el mes de febrero del año siguiente tendremos que pagar un impuesto determinado. Aunque no sepamos la cantidad concreta, deberemos dotar una provisión por una cantidad aproximada, que servirá para afrontar ese pago.
  • Provisión por gastos de deterioro: Aunque los deterioros no sean unas obligaciones como tales suponen un gasto para la empresa, por lo que en el momento que se perciba la posibilidad de que exista un deterioro (de un inmovilizado, de un cliente, etc.) se debe dotar una provisión.

Según la duración estimada de la provisión:

  • A corto plazo: cuando se estima que la obligación que estamos provisionando se cumplirá en el corto plazo, es decir, en menos de 12 meses. La provisión se incluirá dentro del pasivo corriente.
  • A largo plazo: cuando se estima que la obligación que estamos provisionando se cumplirá en el largo, es decir, en más de 12 meses. La provisión se incluirá dentro del pasivo no corriente.

Objetivo de la provisión. ¿Y si no se cumple la previsión que estamos provisionando?

Como hemos comentado anteriormente, el objetivo de la provisión es cubrir una obligación o un gasto al que vamos a tener que hacer frente en el futuro. A menudo estas obligaciones o gastos son previsiones y, por tanto, no hay una certeza total de que se vayan a producir. ¿Qué ocurre, entonces, si no se produce? Tendremos que revertir la provisión y, por tanto, volveremos a la situación inicial anterior a la provisión. En definitiva, sería como si no hubiéramos hecho ninguna provisión.