Se denomina riesgo de insolvencia a aquella posible situación en la que un acreedor no es capaz de afrontar sus deudas.

De una forma más ampliada, riesgo de insolvencia es como se conoce a la probabilidad y capacidad de que unos acreedores puedan afrontar sus créditos en un tiempo determinado a su vencimiento. El riesgo de insolvencia tiene en cuenta la situación económico-financiera y circunstancias de un acreedor en un momento determinado, ya sea por la situación de su tesorería, capacidad de obtención de recursos, beneficios obtenidos o volumen de deuda, sin embargo, el riesgo de insolvencia puede variar en el tiempo de acuerdo a su circunstancia.

El riesgo de insolvencia o contrapartida puede ser de dos clases:

  • Recto: derivado de los derechos de cobro, si al vencimiento un deudor no afronta sus pagos.
  • Contingente: resultante de los productos derivados, es decir, de sucesos pasados.

En general, el riesgo de insolvencia suele ser analizado por los deudores para estudiar la categoría y capacidad de devolución de los créditos adquiridos por los acreedores, y también, en aquellas situaciones en las que para la concesión de un crédito, sea determinante la capacidad de devolución del préstamo. Así, el riesgo de insolvencia puede producirse una vez adquiridos los créditos, o al inicio de éste, por ejemplo, en el estudio de concesión de hipotecas o préstamos personales, donde es preciso construir un perfil del consumidor para ver la capacidad de devolución de las deudas.

En las empresas, los riesgos de insolvencia vienen dados por la situación del patrimonio societario, y en este caso el riesgo de insolvencia puede ser de dos clases:

  • Temporal: si la empresa está atravesando un mal momento de liquidez, decrecimiento de los ingresos, y es necesario establecer una reestructuración de activos y pasivos, pudiendo la empresa volver a su situación inicial y siendo capaz de afrontar los pagos y deudas una vez realizado cambios.
  • Definitiva: en su caso el punto de alcance es la suspensión de pagos y quiebra, es decir, la situación es irreversible. En esta caso, la situación económico-financiera de la sociedad es insostenible y la mejor solución con los datos reales dados es la liquidación de la sociedad y establecer un concurso de acreedores para el pago de deudas a los acreedores en función de quienes sean éstos.