Las Sociedades de Inversión de Capital Variable (SICAV) son -como su propio nombre indica- un instrumento de inversión que tiene por objeto la adquisición de valores mobiliarios y otros activos financieros; se encuentran participadas por al menos 100 accionistas y exigen un capital mínimo de 2,4 millones de euros.

Entre las mayores ventajas que ofrece la SICAV se encuentran su baja fiscalidad y la posibilidad de diferir el pago del impuesto. Es decir, cuando el dinero está en la sociedad, tributa al 1% en lugar de al 30% en el Impuesto de Sociedades, siempre y cuando no se mueva; sin embargo, cuando el capital se devuelve al inversor hay que declararlo a Hacienda, pero se tributa de igual modo que unas acciones, o sea, como un rendimiento de capital mobiliario.

Al mismo tiempo, en una SICAV se pueden traspasar cantidades sin tener que tributar por ellas siempre y cuando no se supere una cierta cantidad, al considerarse que lo que se retira es capital y no beneficios obtenidos por la inversión. Es lo que se conoce como criterio FIFO (First In First Out) o, en otros términos, “lo primero que inviertes es capital y lo primero que sacas también”.

Otras de las posibilidades que ofrece la SICAV, más allá de las fiscales, se concretan en el control de la inversión por parte de los dueños, algo imposible de llevar a cabo en un fondo de inversión, cuya gestión escapa a la voluntad de los partícipes; y en un tipo de estrategia de inversión a medida, adecuada a las necesidades de los promotores.

De forma paralela, la SICAV permite la modificación de la orientación de la inversión y del tipo de activos con un mínimo impacto fiscal; además, ofrece la posibilidad de comprar o vender las acciones en cualquier momento, dado que la SICAV cotiza en el MAB (Mercado Alternativo Bursátil).

La sociedad también puede aumentar o disminuir hasta 10 veces su capital inicial, lo que permite utilizar la SICAV como instrumento para gestionar excedentes o necesidades de tesorería; y, finalmente, existe la alternativa de pignorar -o empeñar- las acciones del cliente en la SICAV, como respaldo para sus necesidades de financiación.

Con todo, las SICAV son la opción preferida por las grandes fortunas para administrar su patrimonio aunque los particulares también pueden beneficiarse a través de fondos que invierten en este tipo de sociedades.

Esta herramienta de inversión es vista por sectores de la sociedad como un mecanismo de evasión de impuestos y cuestionan que el centenar de socios exigidos sean reales. De hecho, diversos colectivos exigen cambiar su fiscalidad pero el planteamiento se rechaza ya que también se afirma que podría producirse una fuga de capitales a otros países más ventajosos, como Luxemburgo.

El redactor recomienda:

SICAV – Fiscalidad