El superávit financiero ocurre cuando la necesidad de financiación de un país es menor que sus recursos financieros. Es decir, los recursos existentes en la economía son suficientes para la consecución de mayores niveles de rentabilidad.

Se trata de una modalidad macroeconómica de superávit que aparece cuando se comparan niveles de ahorro en cuenta corriente de un estado con su déficit de capital, resultando una diferencia positiva.

Cuando un país participa de manera activa o se ve obligado a intervenir de algún modo en la vida de su economía puede darse el hecho de que se encuentre con una falta de recursos financieros hasta el punto que incluso llegue a imposibilitar su acción. Esto provocará que exista déficit financiero, que es lo contrario al superávit financiero.

El empleo del déficit financiero se centra básicamente en conocer en cuánto tendrá que endeudarse un gobierno cualquiera para poder cubrir su exceso de gasto en relación con sus ingresos al llevar a cabo su labor.

Importancia del superávit financiero en el sector público

La gestión de los recursos financieros existentes en un país por parte de sus responsables políticos y económicos debe estar dirigida a que los mismos sean útiles a la hora de conseguir ciertos niveles de rentabilidad (generalmente por medio de inversiones).

Un superávit financiero indicaría que acometer dichas acciones de inversión dados los recursos con los que cuenta el país arrojaría resultados positivos e incluso podría dar lugar a otros tipos de superávit público. Por el contrario, en casos donde se estiman resultados más negativos estaríamos hablando de déficits financieros.

Superávit financiero en el sector privado

Al igual que los países cuentan con recursos para llevar a cabo inversiones, las empresas desarrollan su actividad económica teniendo en cuenta unos recursos y unos presupuestos con los cuales afrontar nuevas vías de producción o inversión.