Soldados británicos en las trincheras durante la batalla del Somme, 1916

Si hay un conflicto en el que la economía resultó ser clave en su desenlace, ese es la Primera Guerra Mundial (1914-1918). Cuando oímos hablar de la gran guerra, nuestra mente evoca escenarios con trincheras y alambradas. Sin embargo, en la retaguardia, también se libraron batallas decisivas. El desarrollo industrial, la capacidad de abastecerse de recursos, una buena planificación económica y la posibilidad de disponer de una poderosa fuerza de mano de obra fueron aspectos que decantaron la balanza a favor de los aliados.

En cuanto a los principales contendientes, baste decir que el Imperio Alemán, el Imperio Austro-Húngaro y el Imperio Otomano, combatieron contra Francia, Gran Bretaña, Rusia y Estados Unidos, que entró en la guerra en 1917.

Muchos preveían, que el estallido del conflicto en 1914 provocase un terrible derrumbe financiero, sin embargo, tal catástrofe no se produjo. Las primas de los seguros terminaron por estabilizarse, los estados pudieron financiarse a través de préstamos, el papel moneda sustituyó al oro y curiosamente, la falta de mano de obra provocó un incremento de los salarios. Por su parte, el mundo empresarial gozó de jugosos contratos con los gobiernos. Bien es cierto, que el comienzo de la guerra benefició económicamente a muchos sectores, sin embargo, ya en 1915, las campañas de bloqueo entre los distintos estados, comenzaron a hacer mella en la población.

Aquella guerra global provocó que se combatiese en todos los frentes, por lo que el comercio internacional sufrió un fuerte retroceso, las materias primas comenzaron a escasear y las grandes necesidades de alimentos, transporte y combustible de los monstruosos ejércitos provocaron que se impusieran medidas como el racionamiento. Los precios se dispararon, y en consecuencia, la inflación aumentó.

Importantes naciones con sistemas de libre mercado como Francia o Gran Bretaña, se vieron obligadas a que sus gobiernos tomasen el control de la economía. El mejor exponente de ello, es Alemania, pues el estado intervenía regulando los precios y los mercados, así como también se encargaba de dirigir la producción nacional.

El desarrollo industrial fue una pieza fundamental en la contienda, como sucede en el caso de la industria química alemana, que desarrolló sustitutos para las materias primas más importantes. Entre estos sustitutos de materias primas se encontraban: la pasta de madera para los tejidos, la goma sintética y los nitratos para los fertilizantes.

En Gran Bretaña, la movilización de millones de hombres, provocó que los puestos de trabajo que dejaban, fuesen ocupados por mujeres. En definitiva, se produjo una importante incorporación de la mujer al mundo laboral, que fue decisiva en la producción nacional y en el esfuerzo de guerra británico.

Por su parte, Francia, pese a perder cerca del 40% de sus depósitos de carbón y alrededor del 90% de los depósitos de hierro como consecuencia del terreno que habían perdido ante las tropas alemanas, logró continuar en la contienda. Los galos, pese a los yacimientos perdidos, eran una gran potencia agrícola, lo que les proporcionaba importantes reservas de alimentos.

Rusia, un país con fuertes desigualdades sociales, tuvo grandes dificultades económicas, y sus exportaciones, principalmente de trigo, a través del sur de Rusia, quedaron paralizadas como consecuencia de que uno de sus grandes enemigos, el Imperio Otomano, controlaba el estrecho de los Dardanelos e impedía la salida al mar. Las importantes diferencias sociales en Rusia y la mella que causó la guerra en la economía y la sociedad, provocaron que en 1917 se produjese una revolución y el país se retirase del conflicto con la firma de un armisticio.

Estados Unidos, que se mantuvo neutral hasta 1917, salió económicamente fortalecido de la guerra. Sus exportaciones de alimentos se duplicaron a lo largo de la guerra y sus préstamos fueron fundamentales a la hora de financiar a los aliados. Ya en 1917, con su entrada en el conflicto, los estadounidenses tuvieron un impacto decisivo en la Primera Guerra Mundial.

La guerra también afectó a las economías de los países neutrales, que pasaron a aprovisionar a las grandes potencias mundiales. La guerra provocó que las naciones más poderosas, que habían monopolizado los mercados internacionales, pasaban a necesitar los recursos y materias primas de otros estados de menor envergadura. En este sentido, merece señalar el caso de España, que no participó en el conflicto y sin embargo, se vio favorecida, pues sus exportaciones aumentaron y también mejoró su desarrollo industrial.