Ajedrez

Los beneficios de este deporte milenario pueden ser cuantiosos: diferentes estudios científicos revelan diez buenos motivos para practicarlo y poner en funcionamiento las células del cerebro.

El ajedrez, un juego de mesa que presumiblemente surgió en India, es una actividad divertida que puede reportarnos horas de entretenimiento. Define el deporte mental por excelencia y es el que mejor se ha adaptado a las nuevas tecnologías.

En este sentido, cualquier persona puede tener acceso a millones de partidas con sólo encender su ordenador y competir contra rivales de cualquier rincón del planeta. De ahí la conveniencia de su desarrollo y de las habilidades que podemos obtener:

  • Impulsa el cociente intelectual: un estudio del doctor Peter Dauvergne, de la Universidad de Sidney, asegura que aquellos que practican esta actividad desarrollan un conjunto de nuevas habilidades mentales, potenciadas por el ejercicio cerebral independientemente de su sexo y de su nivel socieconómico.
  • Desarrolla ambos hemisferios cerebrales: un informe realizado por unos investigadores alemanes viene a demostrar que, cuando se juega una partida o se analiza una posición, tanto maestros como novatos hacen trabajar por igual a los dos hemisferios cerebrales. El resultado incluso sorprendió a los propios científicos, que pensaban que el lado izquierdo de la cabeza, el de la lógica, tendría un papel más relevante.
  • Eleva la creatividad: un análisis elaborado por el doctor Robert Ferguson manifiesta que, después de unas cuantas semanas practicando el ajedrez, el grupo en observación logró mejores resultados en las pruebas de creatividad y originalidad.
  • Puede ayudar a prevenir el alzheimer: un estudio del doctor Robert Freidland sostiene que los mayores de 75 años que habían practicado actividades como el ajedrez estaban mejor preparados para luchar contra el alzheimer, la demencia y otras enfermedades mentales. Por el contrario, aquellos que rara vez se entretenían con juegos de mesa tenían cerebros que envejecían más rápidamente.
  • Acrecienta la resolución de problemas: el ajedrez desarrolla sobre todo esta aptitud, con las dificultades añadidas del límite de tiempo y de la presencia de un contrincante que también quiere ganar la partida.
  • Acelera la memoria: no es posible ser un buen ajedrecista sin tener una buena memoria. En un experimento realizado en Pensilvania se comprobó que los alumnos que nunca habían jugado mejoraban notablemente su retentiva.
  • Mejora la concentración y atención: un torneo celebrado en los andenes del metro de Madrid reveló que los viajeros poco molestaban a los jugadores, quienes estaban absortos en la partida y completamente indiferentes al ambiente exterior.
  • Enseña a planificar y hacer previsiones: una partida de ajedrez exige el poder anticiparse a los acontecimientos y una buena dosis de autocontrol; los juegos de estrategia se han revelado como un método óptimo a la hora de tomar decisiones en cualquier área de la vida.
  • Incrementa la capacidad lectora: el doctor Stuart Margulies descubrió, a partir de un informe, que los partipantes que se interesaron por el programa de ajedrez mejoraron de forma significativa su habilidad con respecto a la lectura.
  • Hace crecer las conexiones interneuronales: diferentes investigaciones llegan a una misma conclusión: practicar el ajedrez es el mejor abono natural de la mente.

Con todo, nadie mejor que el ex campeón del mundo, Garry Kaspárov, para ofrecer una última opinión sobre el asunto que nos ocupa: “nunca he podido superar la explicación que escuché a una niña de nueve años en el Bronx. El ajedrez me ayuda con las matemáticas -señaló- que son complicadas; me enseña a no tener miedo de los problemas complicados”.