La volatilidad de China, la caída del precio del petróleo y las materias primas, la subida de tipos en Estados Unidos y la incertidumbre que actualmente invade el panorama político español son sólo algunos de los ingredientes que definen el examen económico de 2016.

La coyuntura financiera existente se ha vuelto compleja. Aunque los bancos del Ibex 35 -Santander, BBVA, Caixabank, Sabadell, Bankia, Popular y Bankinter- ganaron 11.651 millones de euros en el año 2015, es decir, un 8,1% más, si se analiza el beneficio por acción, el mejor indicador para los analistas, Santander, BBVA, CaixaBank y Popular presentan caídas.

Y así lo explica Francisco González, presidente de BBVA: “lo que está pasando va contra las teorías que se estudian en la Universidad. Se supone que con tipos muy bajos, la actividad económica debe subir, al igual que la inflación, pero lo cierto es que apenas crecen los créditos. Los bancos no tenemos ingresos; estamos en un estancamiento secular en el que solo sube el ahorro. No cabe duda de que entramos en un nuevo mundo”.

Orígenes del círculo negativo

Los motivos en los que se sustenta la encrucijada bancaria son varios y muy determinantes: los bajos tipos de interés que hoy en día se gestionan obligan a que el margen financiero sea también escaso, lo que se refleja en la rentabilidad. De igual modo, el exceso de endeudamiento de la economía española provoca que el crédito se incremente a niveles ínfimos, así como la presión regulatoria y sus exigencias de capital levantan nuevos obstáculos a una situación financiera ya de por sí poco afortunada.

La morosidad también juega un papel clave en el tablero bancario actual. A pesar de que el crecimiento del Producto Interior Bruto (PIB) permitirá seguir reduciendo el retraso en los pagos y aunque las entidades crediticias necesiten otorgar préstamos, el negocio financiero está contra las cuerdas: los bancos no se pueden permitir ningún nivel de morosidad porque ya no hay dinero para provisiones. Como resultado, el grado de selección a la hora de conceder facilidades económicas va a incrementarse en gran medida.

Como comenta Ángel Ron, presidente de Banco Popular, “las normas exigen mucho capital para dar crédito, sobre todo a las pymes, que son las que crean empleo. Esta situación hunde la rentabilidad de las entidades y así no es posible atraer el dinero de los inversores que, por otro lado, necesitamos para elevar el capital y el crédito. La baja rentabilidad de la banca es similar a la de las empresas de servicios, con la diferencia de que esas empresas no tienen apenas riesgo y la banca sí. Mientras no seamos más rentables, no podremos atraer a los inversores y salir de este círculo negativo”.

¿Una posible solución al problema financiero podría pasar por completar más fusiones bancarias -sólo hay que recordar las que se originaron tras la crisis- y así conseguir más dinero? Francisco Uría, de KPMG España, ofrece su opinión: “las entidades tendrán que mantener su esfuerzo de mejora de su eficiencia y rentabilidad. A medio plazo las integraciones puedan ser una palanca para la mejora de la rentabilidad, por lo que es probable que se produzcan, pero no tienen por qué ser inminentes”. Por su parte, Juan José Giner, responsable del sector financiero de Comisiones Obreras (CCOO), cree que este año podrán salir del sector otros 20.000 trabajadores, como consecuencia de las operaciones corporativas en banca.