El desafío independentista de Cataluña sigue su curso y la Generalitat ha
acelerado la maquinaria parlamentaria para poder realizar el próximo 1 de octubre el
‘referéndum’. Por su parte, el gobierno de Mariano Rajoy busca los elementos legales para
frenar la desconexión del resto de España que planea Cataluña, para que no pueda celebrar su
cita con las urnas, ilegal con la Constitución en la mano.

En este tira y afloja entre las dos partes implicadas, se suceden los estudios económicos ante la
posibilidad de que Cataluña se convierta en un vecino político de España. El bando
independentista, con Carles Puigdemont a la cabeza, alardea de los buenos datos del PIB para
convencer a los indecisos. No es ninguna novedad. Con la crisis de 2008 repuntando todavía en
el mercado español, el PIB catalán muestra números al alza, tal y como constatan diversos
informes. El del BBVA, de principios de julio, habla de un crecimiento del 3,5% por encima del
resto España en 2016 y la perspectiva será similar en 2017. Las exportaciones catalanas gozan
de buena salud, aunque es el turismo el principal responsable de este crecimiento porque
ninguna otra Comunidad Autónoma recibió tantos turistas el año pasado, un total de 17,4
millones.

La tendencia del PIB girará a la inversa de manera radical en caso de separación. En una
entrevista al diario ‘ABC’, el ministro de Economía, Industria y Competitividad, Luis de Guindos
estima una caída entre el 25 y el 30%. En otras palabras, la independencia produciría un
empobrecimiento de la sociedad catalana, de ahí la preocupación de los empresarios
españoles y de muchos catalanes.

El panorama es desalentador también visto desde un prisma exterior. En este sentido, Credit
Suisse hablaba ya en 2014 de una perdida de hasta el 20% PIB. Ahondando un poco más en el
asunto, habría que tener en cuenta otras consecuencias preocupantes. En primer lugar, está la
salida automática del BCE y del euro. Cataluña, como Estado, podría seguir usando el euro,
pero como moneda extranjera, con el riesgo de ver cómo sus exportaciones se encarecerían. El
efecto dominó sería devastador, peligrando la inversión extranjera ante la incertidumbre de su
mercado financiero y de las divisas dentro del forex trading. Otros daños colaterales serían el
impacto sobre la prima de riesgo, la ausencia de fondos estructurales desde Europa y la
manera de afrontar su actual deuda pública con el Estado español.

En definitiva, Cataluña viajaría hacia un horizonte desconocido fuera de la Unión Europea
porque, sin vinculación con España, quedaría fuera de los países miembros. No es una
amenaza desde Madrid para asustar a los independentistas, sino de un hecho. Cuando un
territorio de un Estado miembro deja de formar parte de ese Estado, porque se convierte en
un Estado independiente, los tratados dejarán de aplicarse a ese Estado. Son palabras de
Romano Prodi, presidente de la Comisión Europa en 2004. Ahora dicho cargo lo ostenta Jean-
Claude Juncker y su posición es igual de firme, como dejó claro hace menos de dos semanas.