El crack del 29 tuvo terribles consecuencias en la economía y en el bienestar de los ciudadanos estadounidenses. El desplome de la bolsa en octubre de 1929 fue seguido por un largo periodo de recesión conocido como la Gran Depresión. La crisis económica se extendió a Europa y muchos países optaron por regímenes totalitarios para superar la terrible situación financiera. En cambio, Estados Unidos eligió al presidente Franklin Delano Roosevelt, que contaba con un programa con medidas para reactivar la economía.

Los ciudadanos estadounidenses optaron por un cambio de gobierno en 1932 y el demócrata Franklin Delano Roosevelt fue el vencedor de las elecciones. El panorama social y económico de Estados Unidos era devastador. La gran depresión había provocado un aumento desbocado del desempleo y en consecuencia, la sociedad estadounidense se había empobrecido notablemente. Para ello, los demócratas contaban con un paquete de medidas destinadas a reactivar la economía: fomentando el consumo e incrementando la producción.

El presidente Roosevelt se rodeó de un equipo cuyas propuestas económicas se inspiraban en las ideas del economista británico John Maynard Keynes. Roosevelt y sus asesores creían que los problemas se debían a un consumo insuficiente y por ello era necesaria la intervención del estado en la economía.

Roosevelt y los suyos se pusieron manos a la obra rápidamente y para poner freno a la caída de numerosos bancos autorizó a la Reserva Federal a conceder créditos a la banca sobre títulos. El estado asumió un mayor control de la banca a través de la Banking Act de 1933. El sector bancario sufrió importantes cambios y quedó fuertemente regulado para evitar nuevas quiebras. Se exigía dotar a los bancos de mayores reservas para hacer frente a situaciones adversas, mientras que aquellos bancos que no eran solventes fueron disueltos. En el plano financiero también destaca la concesión de créditos para fomentar la inversión empresarial así como la Ley de Obligaciones Federales, que fue promulgada para proteger a los inversores del fraude.

Pero si el programa económico de Roosevelt, conocido como New Deal (nuevo trato) destaca por algo, es por su fuerte calado social. La National Labor Relations Act fijó un salario mínimo y estableció una jornada laboral máxima. Esto provocó un aumento de la población ocupada y también un incremento de los salarios. Para proteger a los parados se creó un seguro de desempleo y el gobierno destino subvenciones federales para ayudar a los desempleados.

No solo se actuó para proteger a quienes se hallaban en una situación de vulnerabilidad por falta de empleo, también se destinaron recursos económicos en ayudas para los jubilados. La Social Security Act de 1935 permitió conseguir fondos suficientes para este propósito, todo ello financiado a través de impuestos a las bebidas y a los beneficios no distribuidos de las empresas.

En el plano laboral también cabe destacar la National Labor Relations Act, que fomentaba el asociacionismo sindical y la el Fair Labor Standard Act que regulaba los contratos laborales y las jornadas de trabajo.

Queda claro que el New Deal, con la intervención reguladora del estado, pretendía corregir las desigualdades sociales que había generado el capitalismo.

Mientras se llevaban a cabo medidas para reforzar los derechos de los trabajadores, el gobierno llevó a cabo un ambicioso programa de obra pública para modernizar las infraestructuras del país. Estas obras ayudaron a crear empleo y beneficiaron a las regiones más empobrecidas de los Estados Unidos, como ocurrió en Tennessee, donde se erigieron presas hidroeléctricas y se construyeron embalses. Se calcula que la Public Works Administration logró dar trabajo a más de 3 millones de personas.

La industria también se vio reforzada como consecuencia del New Deal. La National Industrial Recovery Act de 1933 permitió que se destinasen importantes subvenciones para estimular el poderío industrial norteamericano.

El sector agrícola había quedado muy tocado tras el crack del 29. La población de las zonas agrarias quedó notablemente empobrecida ante la fuerte caída de los precios agrícolas. El New Deal buscaba la recuperación del campo, por lo que a través de la Agricultural Ajustment Act de 1933 se disminuyó la producción agrícola. Los agricultores fueron compensados mediante indemnizaciones y la reducción de la oferta de productos agrícolas logró un aumento de los precios. Los efectos de esta ley fueron muy positivos y en tres años se duplicaron las rentas del sector agrario.

Las consecuencias del New Deal no tuvieron efecto inmediato, pues Estados Unidos estaba muy lastrado por las dolorosas consecuencias económicas y sociales de la Gran Depresión. Bien es cierto que la política económica del presidente Roosevelt logró poner fin a la recesión aunque no logró alcanzar todos los objetivos marcados.

El nivel de actividad económica anterior al crack del 29 solo consiguió alcanzarse cuando Estados Unidos entró en la Segunda Guerra Mundial. En aquel momento, toda la maquinaria industrial de Estados Unidos se volcó en la producción de bienes de guerra.

El estado aumentó su intervencionismo en la economía y la inversión pública creció considerablemente, sin embargo, la inversión privada tardó más en recuperarse. Por otro lado, el elevado desempleo que sufría Estados Unidos no era un problema de rápida solución. Todavía en 1937 había 7 millones de ciudadanos parados.

Los más críticos con el New Deal consideraban que la política de Roosevelt era demasiado socializante y que el estado intervenía excesivamente en la economía. Hubo quienes afirmaron que la actuación del estado en la economía atentaba directamente contra el principio de libre empresa, uno de los valores fuertemente arraigados en la sociedad norteamericana.

A pesar del largo proceso de recuperación de la economía estadounidense, el New Deal restañó la moral de la ciudadanía, ayudó a recuperar parte del empleo perdido, estimuló el crecimiento económico y le valió la reelección a Roosevelt.