La elección de una nave industrial puede parecer una cuestión puramente logística, pero lo cierto es que tiene más que ver con la estrategia empresarial de lo que muchos creen.
El precio y la superficie importan, pero no deberían ser el único filtro. El tipo de actividad que se va a desarrollar dentro determina, en buena parte, qué tipo de nave conviene elegir.
En este artículo, repasaremos algunas de las claves a la hora de comprar una nave industrial para no cometer errores que pueden salir caros a medio plazo.
No todas las empresas trabajan igual
Las necesidades de una empresa de fabricación no son las mismas que las de un operador logístico. Y, sin embargo, muchas veces se buscan naves con criterios genéricos: metros cuadrados, precio, cercanía a la ciudad. Pero un negocio que trabaja con maquinaria pesada, por ejemplo, va a necesitar suelos reforzados, techos altos, ventilación eficiente y buen acceso eléctrico. Si, además, hay trabajadores en turnos, contar con un entorno cómodo para ellos también suma: vestuarios, zona de comedor, un pequeño despacho.
En el otro extremo están las empresas centradas en la distribución o el almacenamiento. En este caso, lo importante es que todo sea ágil: muelles de carga bien distribuidos, acceso fácil para vehículos pesados, posibilidad de organizar flujos internos sin colapsos. A veces, incluso una buena rotonda cerca de la entrada puede agilizar el tráfico de vehículos.
La actividad define el espacio
Una empresa que manipula alimentos no puede permitirse el mismo tipo de nave que un fabricante de muebles. Hay normativas que cumplir, materiales que deben garantizar la higiene, temperaturas que deben mantenerse estables. Lo mismo ocurre si el negocio requiere cámaras frigoríficas o si trabaja con sustancias sensibles.
A menudo, se alquilan o compran naves que más o menos encajan, pero que requieren reformas, adaptaciones o trámites costosos después. Pensar con perspectiva —y con una buena orientación legal y técnica— evita perder tiempo y dinero más adelante. En la venta de naves y en cualquier aspecto operativo de un negocio.
La ubicación también trabaja para ti
No todo ocurre dentro. Una nave industrial es también su entorno. Qué tráfico hay, si se puede acceder con vehículos grandes sin problemas, si hay servicios cerca para los empleados, si la zona es segura. Incluso si el entorno es agradable o no. Puede parecer secundario, pero una buena ubicación también mejora la operativa diaria y el clima laboral.
De igual modo, si la actividad está orientada a la distribución, estar cerca de vías rápidas o zonas logísticas importantes puede reducir costes y mejorar plazos. Si, en cambio, se trabaja más de puertas para dentro, quizá se pueda prescindir de una ubicación premium y priorizar otras cosas: espacio, posibilidades de expansión o incluso precio.
No compres solo para hoy
La mayoría de negocios no permanecen estáticos. Con el tiempo crecen, cambian, se adaptan. Por eso es importante no elegir una nave solo con los ojos puestos en el presente. ¿Hay posibilidad de ampliar? ¿Puedo reorganizar el espacio si lo necesito? ¿Admite distintos usos si en el futuro cambio de actividad?
Hay decisiones que, si se toman bien desde el principio, acompañan durante años sin dar problemas. Y otras que, si se improvisan, acaban generando fricciones constantes. La idea es que el precio de una nave industrial se rentabilice cuanto antes, pero hacerlo teniendo en cuenta todas las necesidades presentes y futuras.