En su traducción del inglés, el término start-up significa “puesta en marcha” y, efectivamente, podemos definirlo como el periodo inicial de una empresa, el comienzo o arranque de un nuevo negocio.

Las start-up tienen una serie de elementos diferenciadores que explican su naturaleza:

  • Carácter temporal: la start-up como organización tiene un carácter limitado, es decir, hace alusión a la emergencia de una compañía que finaliza con su conversión en negocio estable o, como también ocurre en muchos casos, con su desaparición (no son pocas las start-up que fracasan).
  • Carácter novedoso: la innovación es la esencia de toda start-up, a menudo referida a su fuerte vinculación con las nuevas tecnologías y el mundo internet. Una novedad que supone siempre una ventaja competitiva frente a otras compañías y que también puede aplicarse al carácter diferencial de su negocio o de los procesos productivos que emplea.
  • Costes reducidos: su ligazón con las TIC hace de estas jóvenes empresas un negocio muy atractivo ya que no exige grandes cantidades de dinero para su puesta en marcha, a diferencia de las compañías que operan en otros ámbitos.
  • Financiación externa: aunque los costes de arranque son mínimos, a medio plazo las ganancias de la start-up son considerables y este crecimiento acelerado suele atraer a inversores externos (el llamado “Business Angels”) que aportan una pequeña financiación a cambio de acciones o participaciones en la empresa.
  • Objetivo y riesgos: las start-up asumen un fuerte riesgo ya que su objetivo es dominar un nicho de mercado (a menudo poco explorado) en el que trabajan a base de hipótesis; un ámbito de incertidumbre que requiere una gran capacidad de adaptación a los cambios. La meta, por tanto, consiste en hacer que esas hipótesis funcionen, que los productos o servicios ofertados sean aceptados por sus clientes, manteniendo unas ganancias elevadas que le permitan retornar la inversión (garantizando la escalabilidad del negocio).

Muchas de estas compañías emergentes desaparecen al poco tiempo de vida o son vendidas antes de encontrar un modelo de negocio estable. Sin embargo, existen notables ejemplos de start-up que han prosperado, convirtiéndose en negocios de referencia (sería el caso de Google, Facebook, etc.) Aunque la cuestión está sujeta a fuertes controversias, para muchos la transición de una start-up hacia un modelo de negocio repetible y escalable significa el fin de la start-up en sí misma, que pasa a convertirse la empresa clásica tal y como la conocemos.